Los confines de la red

Navegar por internet es casi como aventurarse al mar sin fin antes de Colón cuando la Tierra se creía cuadrada y donde se perdía la vista se caía a un vacío profundo. Sin duda que el poder de la información se hace presente y con énfasis a través de esta nueva manera de comunicar, la gente esta ávida de información y es como derramar agua sobre una esponja gigante que la absorbe enseguida y pide más, por supuesto existen aquellos que quieren echar más agua, sin parar, agua limpia y pura pero también la oscura y mal oliente, hay esponja para toda ella.

Si bien sorprenden denuncias de estafas a través de estas redes ( Facebook, Whatsapp, etc) no podemos dejar de reconocer que se dan casos más graves aún de trata y tráfico de personas, prostitución, secuestros, etc. y aún los países no se han organizado lo suficiente como para combatir efectivamente estas nuevas modalidades de delinquir. Justamente la ausencia de límites, de donde se comienza y donde se termina hacen que sea tan incierto el desenlace, lo privado del acceso a la información y a ciertos contactos dificulta el trabajo de investigación porque cuando se conoce del hecho ya sucedió, es demasiado tarde, seguro existen miles de situaciones perpetradas a través de las redes que ni nos enteramos. Ese es un desafío pendiente para garantizar la seguridad de la personas que llevadas de las narices por su propia curiosidad caen en la trampa tendida por lo expertos del crimen organizado que encuentran en el internet métodos ideales para mimetizarse en una selva de acuciosos navegantes.

Nos queda sólo la recomendación de que la ingenuidad no cuadra en esto y es más bien lo propicio para atrapar incautos, en particular se debe tener el mayor control posible sobre qué hacen los menores, niños y jóvenes, con quien hablan, con quien comparten, en quien confían, quienes son sus nuevos amigos y qué información están dando o qué les están preguntando. Para los adultos que también somos víctimas, tener cuidado y no confiar tan fácilmente en desconocidos o en ofertas de supuestos negocios, peor si prometen riquezas o ganancias rápidas.