SIEMPRE CON LA VIRGEN DE LA VEGA

(En Torre de Juan Abad –Señorío de Quevedo y una de las tres cabeceras del inmaculado Campo de Montiel- todo se encuentra y se reencuentra a través de una Madre, que nos desciende a su Hijo para ascendernos al Padre. Ella, como buena Abogada nuestra, también nos hermana y armoniza, recordándonos que Jesús está siempre con nosotros, como así lo prometió: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” -Mt 28, 20- ).

I.- SALIR DE NOSOTROS MISMOS;
NOS PONE JUNTO A QUIEN ES CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA,
Y CONSOLADORA DE LOS AFLIGIDOS

Nuestra existencia está proyectada a compartir.
Se ha de fraguar en la disposición a los demás;
conciliando y reconciliando se forjan mesuras,
tactos que germinan de los más célebres trinos,
de las modulaciones del donarse y perdonarse.

La celeste inspiración de la Virgen de la Vega,
nos asienta en vena el verso de los amaneceres,
para que salgamos a ponernos en movimiento,
a reponernos de nuestras miserias mundanas:
obrando con amor, cumpliendo con la palabra.

Sólo hay que dejarse envolver por su mirada,
para hallar el significado de su Hijo en brazos,
para sentir nuestra propia nostalgia del tiempo,
y concebir esa alianza profunda de alabanza,
que no es otra que saltar de gozo ante la dicha.

II.- ENTRAR EN NOSOTROS MISMOS;
NOS DISPONE A QUE SANTA MARÍA DE LA VEGA,
NOS ALUMBRE EL ANDAR

Dejemos que el aire se adentre en el corazón.
Vuelva a nosotros ese aliento que nos vincula,
que sea el vivo órgano de Torre de Juan Abad,
quien nos aliente a entrar en nosotros mismos,
a vivir desde el sí de Nazaret hasta el Gólgota.

Esa inquebrantable comunión de Madre e Hijo,
de aproximación al espacial sustento del cielo,
es lo que realmente nos regenera y nos da vida,
convirtiéndose en un espacio vivificante de luz,
en el que se eterniza y enternece el crepúsculo.

Estamos llamados a retoñar en el crecimiento,
a elevarnos interiormente y a tomar conciencia
de la voz del alma, de la presencia del Redentor
en nosotros, de la que Santa María de la Vega
es bienaventurada, por ser espejo de justicia.

III.- UNIRSE Y REUNISE CON LA “LLENA DE GRACIA”;
NOS REPONE A TRAVÉS DE SU VASO INSIGNE DE DEVOCIÓN,
EN PLENA VEGA, A LOS PIES DE LA PUERTA DEL CIELO.

Nunca es tarde para llenarse de gozos y alegrías,
para explorar en silencio los aires del horizonte,
que nos llevan a la ermita de Nuestra Señora
de la Vega, en ferviente soledad; para repensar
sobre el don divino que nos forma y transforma.

En ella, germina la predilección del Creador,
manifestada en los humildes y en los pobres,
en el esperanzador buceo de remar todos a una,
abandonando a un lado intereses particulares,
para edificar una sociedad solidaria y sensible.

El fruto espiritual que mana y emana del pueblo,
se puebla repoblando sus caminos de recuerdos
y de gratas vivencias; pues alrededor del santuario,
los Torreños de ayer, de hoy y de siempre, asisten
al culto de la Rosa, al romper la Estrella del alba.

Víctor CORCOBA HERRERO