EL PULSO DE NUESTROS PASOS, POR EL PASEO DE LA VIDA

(Las actitudes interiores son las que nos reaniman a continuar siendo obreros de la palabra)

I.- BAJO EL ALIENTO DE LA INSPIRACIÓN;
PENSAR EN LA AUTOBIOGRAFÍA

Cada noche retomamos el valor para volver al día.
Los días no son más que un celeste manto purgante,
que requiere de nosotros la voluntad reconciliadora,
la energía necesaria para proseguir en el horizonte
de lo armónico y seguir fraguando el reino del verso.

En la poesía anida el recogerse y acogerse a la luz,
el hacerse y el rehacerse para crecerse y recrearse,
el darse y el donarse al esfuerzo del nítido vocablo;
pues en la extenuación del querer anida el amarse,
porque amando es como se propaga el desvivirse.

Una actitud vigilante y una disposición de pasmo,
es nuestra proclama que clama por este transitar
mundano, para que se asiente el don imaginativo,
de conducirnos y reconducirnos a esa paz consigo,
uniéndonos al aire y reuniéndonos en su dulce aura.

II.- SOBRE EL ALIENTO DE LA EXPIRACIÓN;
PENSAR EN LA LÁMPARA

Todos tenemos ese momento de ausencia y partida,
de abandonar las obras de aquí abajo y trascender,
de vestirse de rastros y rastrear desvestido de mundo,
para revestirse de poemas y revertir la dura pena,
en un cauce de gozos que realmente nos eternizan.

Con la humildad de sentirnos perversos en camino,
hasta que Dios nos lleve con su mano a su morada,
nos restaure la verdadera alegría en nuestro interior,
y nos instaure en la vida anímica su gran concierto,
donde lo astral disipará las tinieblas que nos cubren.

Tras el último soplo estampamos lo autobiográfico.
Atrás queda la expresión de la propia conciencia,
delante el júbilo de estar para siempre en gloria,
con el iluminado campo de esperanzas perpetuas,
conforme a la lámpara que el Redentor nos ofrece.

III.- NI BAJO NADA NI SOBRE NADIE;
PENSAR EN LA MUERTE

Allí no habrá más preposición que la proposición
de Cristo para el gran paso, a la mística celeste;
donde se vislumbran los mejores sentimientos,
y donde se alumbran las más fuertes emociones,
la licuación reencontrada de almas en comunión.

Ni bajo nada llevemos a los labios el agua de Pilato,
porque no enjuaga las manos, sino que las enfanga;
ni tampoco las pongamos sobre nada ni sobre nadie,
porque en vez de dar aliento, oprimen el corazón,
y ahogado en las miserias humanas cuesta volar.

La muerte siempre llega, es una realidad viva,
que después de tantas búsquedas se encuentra,
para volvernos poesía y envolvernos de palabras;
será la voz del Señor para cada uno de nosotros,
quien venga a llamarnos para regresar al jardín.

Víctor CORCOBA HERRERO