El mundo enfrentará un futuro pospandemia sombrío y con «desafíos globales más intensos y en cascada», pronostica la inteligencia de EE.UU.

En su informe cuatrienal sobre los escenarios plausibles que tendría que enfrentar el mundo en las próximas décadas, el Consejo Nacional de Inteligencia de EE.UU. (NIC, por sus siglas en inglés) no parece muy optimista y vaticina un futuro bastante sombrío. La pandemia está acelerando las fisuras sociales y económicas ya existentes, con lo cual aumenta el riesgo de «más y más desafíos globales en cascada», asegura el NIC en su último reporte, publicado este jueves bajo el nombre de ‘Global Trends 2040: A More Contested World’ (‘Tendencias globales 2040: un mundo más reñido’).

Los autores describen la pandemia como «la disrupción global más significativa y singular desde la Segunda Guerra Mundial» y la ven como un prólogo de la crisis que se avecina. Bajo este contexto, el mundo tendría que lidiar en los próximos 20 años con brotes de enfermedades y crisis financieras con más frecuencia e intensidad. Los estragos del cambio climático y los efectos negativos de las nuevas tecnologías también podrían acrecentarse.

Los sistemas gubernamentales y las organizaciones internacionales, ya frágiles, experimentarían un «desajuste» debido a un remodelamiento de la política global por la pandemia, que impulsará migraciones masivas y «hará cada vez mayor la brecha entre lo que las personas exigen de sus líderes y lo que realmente pueden ofrecer». Tendencias como el nacionalismo y el escepticismo se acentuarán, así como la pobreza y desigualdad de género. «El covid-19 ha sacudido los supuestos a largo plazo sobre la resiliencia y la adaptación y ha creado nuevas incertidumbres sobre la economía, la gobernanza, la geopolítica y la tecnología», subraya el documento.

Cinco escenarios

El NIC visualiza una «transformación en la cooperación global», impulsada por la «tragedia colectiva» que ha supuesto el coronavirus, pero al mismo tiempo considera que la escena internacional estará determinada por la rivalidad entre China y EE.UU. Ninguna de estas dos naciones está preparada para ser la «fuerza global dominante» y por eso las potencias competidoras lucharán por hacerse con ese título. Eso conducirá «a un entorno geopolítico más volátil y propenso a los conflictos».

En este contexto, los autores del estudio plantearon varios posibles escenarios de cara al 2040. Por un extremo, apuntaron a un «renacimiento de las democracias» marcado por una nueva era de liderazgo de EE.UU., en el que el crecimiento económico y la tecnología ofrecerán soluciones a los mayores problemas. Por el lado contrario, un futuro con EE.UU. sin ser un factor dominante y bajo una catástrofe ambiental con escasez de alimentos: la lucha contra el coronavirus habría fracasado y los gobiernos estarían enfocados en reparar el clima, abordar la desigualdad social y expandir la ayuda internacional y la sostenibilidad.

En medio de estos dos extremos, el NIC imagina otras tres posibilidades: China convertido en Estado líder pero no globalmente dominante, Washington y Pekín prosperando y compitiendo como las principales potencias y una última en la que el mundo estaría dividido en «bloques de competencia», porque la globalización no logró crear una fuente única de influencia.

Cambiar el presente

Los expertos advierten sobre la necesidad de replantear el estado actual de las organizaciones, alianzas, reglas y normas del sistema internacional porque está «mal configurado» para abordar los retos por venir. El futuro «se desarrollará en formas que no hemos previsto», pero la situación de la pandemia podría aprovecharse para no repetir errores, resaltan. Por ejemplo, reforzar la proyección de integración y aprender a reorientar los presupuestos nacionales hacia una respuesta a este tipo de crisis y a la recuperación económica subsecuente.

Es indispensable para los países aprender a explotar la tecnología y a planificar con anticipación, ya que aquellos que logren adaptarse a los cambios, ya sean estos impulsados por la tecnología, el clima u otros factores, «obtendrán un ventaja inmediata». Podrían mejorar su productividad y expandir sus economías para que sus gobiernos logren garantizar más servicios, reducir sus deudas y cubrir las necesidades a futuro de los suyos, señalan los autores.

«Es probable que los Estados más efectivos sean aquellos que puedan generar consenso social y confianza hacia la acción colectiva sobre la adaptación y aprovechar la experiencia, las capacidades y las relaciones relativas de los actores no estatales para complementar la capacidad del Estado», concluye el informe.

FUENTE: