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PÁGINA SIETE / LA PAZ
“A un año de la llegada del coronavirus a Bolivia, el impacto de la pandemia ha sido catastrófico. De acuerdo a una evaluación que realizamos, de 2.000 empresas que existían antes del inicio de la pandemia, de las cuales, por lo menos el 50% han cerrado sus actividades”, señaló Raúl Calvimontes, expresidente de la Cámara Nacional de Operadores de Turismo (Canotur).
Cuando se cumple un año de la llegada de la pandemia del coronavirus a Bolivia, cerca del 50% de los negocios relacionados al turismo del país cerraron y a pesar de la flexibilización de las medidas de la cuarentena, aún no hay una fecha para la reactivación del sector.
Según él, desde marzo del año pasado, los ingresos del sector turístico, que comprende los agentes turísticos, agencias de viajes, aerolíneas, empresas de transporte especializado, empresas de eventos y restaurantes, entre otros, han sido prácticamente nulos.
“Estamos viviendo una situación crítica, con muchas empresas cerradas, otras que han tenido que despedir a gran parte de su personal. Sólo las empresas grandes con recursos han podido mantenerse en pie”, agregó.
Asimismo, según cálculos de Canotur, hasta marzo del año pasado, el sector empleaba de forma directa a cerca de 350 mil personas en el país; sin embargo, un año después, se estima que el 90% (315 mil) se ha quedado sin empleo. El cálculo no toma en cuenta los empleos indirectos que genera el turismo en el país.
SIN CLIENTES
Uno de esos trabajadores indirectos que se han quedado sin empleo es Jorge B., un guía turístico independiente de la calle Sagárnaga de La Paz.
“En 2019, principios de 2020 viajaba cinco días a la semana con tres agencias diferentes y ganaba, fuera de las propinas que a veces recibía, unos 3.000 bolivianos al mes aproximadamente. Hoy ya no hay trabajo, con suerte sale un viaje al mes con grupos pequeños”, indica.
A pesar de la flexibilización de la cuarentena que se viene dando desde junio del año pasado, los cierres de fronteras terrestres y en algunos casos aéreas se mantienen, lo que hace muy complicada la entrada de turistas internacionales al país.
“Los turistas entran como con cuentagotas y hacen menos cosas, gastan menos dinero. Hay turistas nacionales también, pero ellos no realizan tantas actividades o gastan tanto como los internacionales”, agrega Jorge B.
Para sobrevivir, el guía independiente ha tenido que buscar otros trabajos como la reparación de computadoras o la venta de abarrotes. “Hago lo que puedo para poder comer, pero espero que pronto pueda volver a viajar con más frecuencia”, acotó.
SIN FECHA PARA LA REACTIVACIÓN
Calvimontes indicó que no hay una fecha para la reactivación del sector, debido a que ésta depende fuertemente de la evolución de la pandemia y de la vacunación en el mundo.
“El turismo receptivo se mueve en periodos anuales, es decir la promoción de nuestros destinos se realiza con un año de anticipación y las reservas se realizan con seis meses de anticipación por lo menos, lo que hace que nuestra recuperación no esté en el futuro cercano”, explicó.
El expresidente de Canotur agregó que, por ejemplo, la mayor parte de las reservas hechas en 2019 para 2020 fueron canceladas a causa de la pandemia, mientras que en 2020 no se pudo hacer promoción y no se realizaron reservas, por lo que para este año no se espera una recuperación.
“Si tenemos suerte y la pandemia cede, quizá en el segundo semestre podamos empezar a recibir reservas y en 2022 podríamos empezar a recibir turistas como antes, pero no tenemos certeza de eso”, puntualizó.
PÉRDIDAS DEL SECTOR TURÍSTICO
De acuerdo con un estudio de la Universidad Franz Tamayo, el turismo en Bolivia registró pérdidas por más de $us 1.000 millones al cierre de 2020, debido a la pandemia de la Covid-19, que aún mantiene paralizadas las actividades en ese sector. Al momento, las pérdidas del sector habrían escalado hasta los 1.200 millones de dólares, según estima Raúl Calvimontes, expresidente de la Cámara Nacional de Operadores de Turismo.
El gerente general de la Cámara Boliviana de Hotelería, Jorge Fernández, declaró a finales del año pasado que la mayoría de las ciudades registraron un nivel de ocupación del 5%, mientras que al menos el 20% de los hoteles del país aún no podían abrir sus puertas a enero de 2021.
Cerca del 30% de las empresas del sector gastronómico han cerrado, es decir aproximadamente 3.000 marcas, mientras que el 90% de las empresas han reducido su personal para poder subsistir y el 55% de las empresas del sector gastronómico tienen deudas con el sector financiero, según reportó Página Siete.
“NO SE HAN TOMADO MEDIDAS DE APOYO”
Raúl Calvimontes, expresidente de la Cámara Nacional de Operadores de Turismo (Canotur), señaló que ni este Gobierno ni el anterior han tomado medidas de apoyo real al sector del turismo.
“Si bien hubo decretos que debían apoyar el sector, esto no se ha dado, porque estas normas no están enfocadas en los actores, sino en las personas que podrían contratar los servicios de las empresas y estas medidas no han tenido efectos importantes. Lo que necesitamos son apoyos, medidas enfocadas en las empresas turísticas”.
En diciembre del año pasado, el gobierno de Luis Arce aprobó un decreto para incentivar el turismo interno para los servidores públicos del nivel central con el objetivo de reactivar los destinos nacionales; sin embargo, de acuerdo con el expresidente de Canotur, esto no ha tenido un impacto importante.
“El tema del decreto de incentivo es que era muy limitado, sólo afecta directamente a los funcionarios del nivel central, quizá si se hubiera ampliado a los trabajadores de las gobernaciones y municipios hubiera sido más interesante pero, en general, el turismo interno no genera tanto trabajo e ingresos como el turismo internacional”, apuntó.
Calvimontes indicó que, mientras el turismo internacional requiere de alojamiento, servicios gastronómicos, transporte y también aporta a otros rubros como la artesanía, el turismo interno tiene una dinámica mucho más austera.
“Nosotros no tenemos la cultura de viajar en las vacaciones dentro del país y si lo hacemos es a la casa de un familiar, así que no gastamos en alojamiento y es probable que viajemos en una auto particular, por lo que no ingresa nada al transporte y en general se gasta menos, generando menos trabajo”, acotó.