EN MEMORIA DE LA INHERENTE BÚSQUEDA

(Como exploradores de sueños que somos; todos vivimos, cada uno a su modo, la misma experiencia que los Magos)

I.- CON CORAZÓN DE NIÑO

Al reino de la poesía se regresa con corazón de niño,
se vuelve para descubrir el vergel de un casto latido,
y se llega con la sonrisa de la franqueza en los labios;
acariciando una vida joven, despojada de todo poder,
para no hallarse con Herodes y transfigurarse en sol.

El destello del verbo nos envuelve en la mejor dicha,
nos abre horizontes para hacernos crecer por dentro
y recrearnos por fuera, nos insta a volar en la palabra,
a reencontrarnos con la fuerza de la vida y la bondad,
a descubrirnos junto a Jesús, a ser tiernos y eternos.

Si perdemos el sentido de la búsqueda, nada somos,
hemos desaprovechado andares que no son prueba,
nos habremos servido de Dios en vez de servir a Dios,
caminaremos en la confusión mundana del egoísmo,
y abandonaremos ese tenor poético que nos ablanda.

II.- HACERSE PEQUEÑO

No hay mayor grandeza que hacerse pequeño y amar.
Amar es ir a lo esencial de lo que somos, ¡el amor!.
Amor es lo que nos cambia la vida y nos enternece.
Conmovidos por la ternura, nos ponemos en camino,
es un ejercicio que debemos aprender todos los días.

Como los Magos de Oriente, no cesemos en el afán,
rastreemos por nuestros propios silencios interiores,
vayamos en disposición de guardar silencio siempre,
de aprender a decir vocablos que no lastimen el alma,
sino que consuelen las lágrimas vertidas y reconforten.

Arrodillados en retiro ante cualquier criatura viviente,
experimentaremos una inmensa y hermosa alegría,
celebrando la vida y acompañando mil existencias,
poniendo los planes del Creador en los más débiles,
porque adorar no consiste en poseer sino en donarse.

III.- TODOS TENEMOS UNA ESTRELLA

La vibrante inspiración es la que nos sitúa en actividad,
nos hace salir de nosotros y entrar en la celeste mística,
que es realmente donde el corazón converge y conversa,
hasta confluir en una turbación que nos cala de añoranza;
sólo hay que mirar la estrella,¡ tú que rebuscas la verdad!.

La nostalgia del ayer que todos sobrellevamos consigo,
nos saca de nuestros encierros y nos mete en el indicio
de que hay un más allá al que hay que perderle el miedo,
pues aunque seamos frágiles, el astro de la Buena Nueva,
es un signo espacial dispuesto a iluminar nuestros pasos.

En aquel tiempo los Magos no procedieron a destiempo,
ofrecieron el don de su fe, se dejaron guiar por el rayo,
postrándose ante el pobre e indefenso y ante el insólito
y humilde portal de Belén, en donde descubrieron la luz:
¡la revisión del ser junto a la visión de la belleza del estar!

Víctor CORCOBA HERRERO