Soluciones fatales

La visión a futuro y la determinación de políticas claras que encaminen el desarrollo son, entre otros, elementos imprescindibles en una gestión que pretende transformar positivamente la realidad de un pueblo. Los resultados de la carencia de dichos elementos los vivimos ahora, una ciudad que no sabe hacia dónde va y no sabe para qué va ni cómo va, los tarijeños no hemos sido capaces de definir nuestro rumbo y destino, no somos capaces de decir qué clase de ciudad tenemos porque simplemente no existe un norte, en realidad nunca se le dio uno. Autoridades atrapadas en la coyuntura, el cálculo y la improvisación sin capacidad para ordenar, planificar y proyectar la urbe son las causantes de esto. El hacer por hacer, sin priorizar, para dar contento o por simple capricho, son características actuales de quienes nos gobiernan y como que han tratado de posicionar en gran parte del imaginario colectivo la idea de que cada dia estamos mejor.

Uno de los puntos flacos de la gestión radica en la incapacidad de reordenar el tráfico vehicular y el transporte público, una actitud siempre permisiva ha llevado a convertir a nuestra ciudad en un caos andante que nos arrolla cada día varias veces.

El ensanchar aceras porque si, privar de parqueos en las calles del centro o implementar ciclovías sin un plan en la mano, nos ha ido exponiendo a las consecuencias de la improvisación. La idea de construir una nueva terminal de pasajeros de inicio fue aplaudida ya que la vetusta terminal fue rebasada en su capacidad por el creciente negocio del transporte y además quedó en el centro de la ciudad, en medio de una de las pocas vías de descongestión que tenemos y rodeada por callejuelas estrechas inadecuadas para que por ellas transiten buses de alto tonelaje. Tan pequeña quedó la terminal que las empresas tuvieron que comprar o alquilar otros ambientes en los alrededores para prestar otros servicios como el de carga, encomiendas, etc. Otra historia fue definir dónde tendría que ubicarse la nueva terminal, tema que generó polémica, debate y desnudó falencias de fondo.

De lo que no queda duda, es que más allá de «las buenas intenciones» que parecen esconder extraños intereses, como sucedió y sucede en muchos casos, el remedio resulta ser peor que la enfermedad.