Cuando por los trámites se postergan las necesidades de la gente

La desgracia no tiene hora ni toca la puerta para entrar y destruir, la naturaleza que nos regala milagros día a día se rebela ante la falta de respeto que demostramos hacia ella, los fenómenos naturales siempre se presentaron y no podemos decir que son una exclusiva de nuestros tiempos pero cada vez son más severos, llegan con más fuerza y sus efectos son devastadores.

En nuestro país sufrimos las consecuencias dependiendo de la época y temporada de lluvias, inundaciones, deslaves, granizadas, incendios, etc. que golpean a pueblos y ciudades, áreas urbanas y rurales, la gente pierde sus casas, sus pertenencias, sus cultivos, sus cosechas, se ve despojada de todo por lo que tanto peleo. Nos organizamos como sociedad y creamos instituciones para que nos sirvan, protejan y ayuden a mejorar nuestra calidad de vida, en esta tarea intervienen ciudadanos que deberían constituirse en “funcionarios y/o servidores públicos”, la realidad nos muestra que en la mayoría de los casos no sucede así y vemos a estos funcionarios y a estas instituciones más como generadoras de problemas que de soluciones.

Hasta ahora no hemos sido capaces de diseñar instituciones que respondan oportunamente a las necesidades de los afectados por desastres naturales, la burocracia hace pesada la reacción y asfixia las buenas intenciones que solo se quedan en eso si es que las hay. Cuando el agro padece las consecuencias, las seguirá padeciendo porque los mecanismos están hechos más trabar que para viabilizar, es así que la ayuda que se necesita de manera urgente llega semanas o meses después, si es que llega.

En el fondo, es una suma de todo y se resume en la ineficiencia de nuestras autoridades para construir un Estado distinto con mecanismos ágiles de ayuda oportuna que no solo reaccionen en estas situaciones sino que prevean y planifiquen en un marco pro activo que nos permita anticiparnos y paliar los duros efectos. No podemos seguir atados al viejo sistema administrado por negligentes que no se preocupan por la gente y dejan que el tiempo pase sin tomar decisiones cuando la urgencia debe ser prioridad en momentos difíciles.