Un japonés (solo) en Machu Picchu

FUENTE: LA VANGUARDIA

Jesse Takayama se llama el afortunado. Este turista japonés de 26 años ha visto reconocida su perseverancia con un privilegio: disfrutar de Machu Picchu para él solito. La ciudadela inca lleva cerrada desde que en marzo se declaró la pandemia pero las autoridades peruanas han hecho una excepción que, de paso, les sirve para promocionar un sector vital como el turismo, hundido por el coronavirus, ante la próxima reapertura del santuario, prevista para noviembre.

El turista accidental se ha ganado a pulso el derecho a visitar el místico paraje y cumplir finalmente el sueño que le llevó a Perú con la mala fortuna de tener su entrada comprada para el día siguiente al 16 de marzo, cuando el acceso fue cerrado a los visitantes para prevenir la propagación del virus. El joven no se resignó y en lugar de pedir ayuda al consulado japonés para ser repatriado, decidió quedarse todos estos meses en Aguas Calientes, la localidad más cercana a la ciudadela, también denominado Machupicchu Pueblo.

El parque arqueológico reabrirá sus puertas en noviembre de manera gratuita para reactivar el turismo peruano

Los habitantes de esta pequeña población de apenas 5.000 residentes bautizaron a Takayama como el último turista de Machu Picchu , aunque desde el domingo ya pueden rebautizarlo como el primero . Paseándose por el pueblo con sus camisetas de la NBA, su historia llegó a oídos de la Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo (Dircetur) de Cuzco, que gestionó con el ministerio de Cultura que se cumpliera el deseo del visitante que llegó al Valle Sagrado para estar tres días y se ha quedado siete meses.

“¡Sueño cumplido!”, anunció la Dircetur en las redes sociales. “El joven viajero no pudo acceder anteriormente a nuestra Llaqta (ciudadela) debido a las restricciones por la pandemia, el hermano japonés quedó varado en Machupicchu Pueblo y por fin pudo concretar su anhelado sueño”, agregó el organismo. “Camino a la reactivación turística de la región”, añadía el texto.

Takayama visitó los restos arqueológicos el domingo, con mascarilla, vestido con una camiseta de los Chicago Bulls y acompañado por el director del parque nacional, ya que desde el 2017 solo está permitido recorrer el lugar junto a un guía oficial. En un vídeo grabado en la montaña, el viajero agradeció a las autoridades esta experiencia. “Esto es muy increíble”, dijo.

Aprovechando la visita del turista único, el ministro de Cultura de Perú, Alejandro Neyra, confirmó la reapertura en noviembre de Machu Picchu, aunque sin concretar la fecha. No obstante, solo se autorizará el acceso diario de 675 personas, la tercera parte de lo habitual en un día de una temporada normal. La entrada al parque, el principal reclamo internacional de Perú, será inicialmente gratuita para contribuir a la reactivación del turismo en el país. “Estamos aún en medio de una pandemia”, recordó Neyra durante una rueda de prensa virtual con corresponsales extranjeros. “Va hacerse con todos los cuidados necesarios y de manera gratuita”, aseguró. Los visitantes solo podrán ingresar en grupos de ocho, acompañados de un guía, con mascarilla y guardando la distancia de seguridad de dos metros.

Perú es uno de los países del mundo y de Latinoamérica más afectados por la pandemia: con casi 34.000 muertos es el séptimo con mayor número de fallecidos en el planeta y el octavo en contagios, con 852.000 casos.

Desde que en 1948 el santuario inca comenzó a recibir turistas de forma masiva con la construcción de una carretera desde Aguas Calientes, Machu Picchu no había permanecido cerrada durante un periodo tan largo de tiempo. Solo en el 2010 quedó clausurada después de las lluvias torrenciales y aluviones que interrumpieron la vía férrea, principal acceso a la ciudadela.

La experiencia del turista japonés fue exclusiva, ya que observar la imponente e hiperfotografiada panorámica sin la presencia de ninguna persona a la vista es un placer solo reservado a los guardas del parque o a algunos mandatarios extranjeros, aunque en este caso no había ninguna comitiva. Sin una pandemia de por medio, para ver Machu Picchu con poca gente, las alternativas pasan por alojarse en el hotel de lujo que hay frente a la entrada o en la pequeña infraestructura hotelera de Aguas Calientes –situada a 9 kilómetros de la ciudadela– y subir a la montaña antes de que llegue el grueso de turistas en tren –aunque por la mañana predomina niebla– o esperar a que la masa de visitantes tome el último convoy a Cuzco y aprovechar el poco tiempo antes del cierre del parque.

Ninguno de esos cálculos se vio obligado a hacer Jesse Takayama, el japonés que prefirió quedarse varado en territorio inca y esperar a que la suerte le sonriera.