Época de discursos, propuestas y foros en los que nadie mencionó a la EDU ni a la DEA, mucha parafernalia

Eduardo Claure

El don de la palabra política se ha perdido. Digamos, que el verbo político enmudeció. Lo sustantivo de la Palabracomo expresión política se ha vuelto ininteligible e inalcanzable. Mientras, se multiplican los medios y la tecnología pone al alcance de los sentidos todos los instrumentos imaginables para observar el desfile variopinto de mensajes aprendidos de memoria -con todo el intento sano y de buena voluntad- que “lideres” políticos, se esfuerzan revestir con palabras y que intentan no equivocarse en la descripción de sus ofertas de tal modo que los oyentes -contemplativos-, intentan hacer aprehensión de lo que escuchan y ven, para luego “digerir” los sueños o pesadillas que surgen de las presentaciones “magistrales” que candidatos al verificativo electoral del 18 de octubre intentan llegar con un importante o muy importante respaldo de un colectivo ciudadano que dejará en manos de quienes sean electos por voto popular, un nuevo intento de plasmar en hechos económicos, sociales y jurídicos lo que consideran que Bolivia como país, nación o pueblo “necesita”, según la creencia política, que ordena que así debe ser y punto. 

El desarrollo político en nuestro país, vuelve a dejar la amarga decisión de depositar un voto (un ciudadano) para encumbrar en el podio a quienes llegaron “finalistas” luego de la era de las tropelías delincuenciales y mafiosas que dejaron al país, tan esmirriado y complejizado en su economía y que la pandemia del COVID 19 ha dejado al desnudo en una radiografía que muestra una pobreza estructural, cual decadencia venida por una hecatombe o un desastre telúrico de inmensas proporciones, sobre la cual debe erigirse un nuevo mañana, y que ha quedado como herencia de un reciente pasado oprobioso a los valores democráticos, a la ética y moral política que se ha extinguido en manos inescrupulosas, en la mentira como credo, en la estulticia convertida en don, en la criminalidad y organización mafiosa transformada en cualidad social o partidaria, en la marginalidad del conocimiento esgrimida y considerada como elogio de la sapiencia, y así, donde la incultura es demostrada en escaños parlamentarios en conductas que lastiman la sensatez, lo probo y cuando no, lo magistral, lo erudito.

Hubo un tiempo de esperanza en el reciente pasado, que alentaba a pensar que podrían las acciones políticas converger hacia la construcción de un escenario interpartidario que integre perspectivas en una sola visión de país y que albergue la posibilidad de un diseño de futuro único, integro, que redimensione las posibilidad de desarrollo y se apliquen nuevos postulados para el desarrollo geopolítico que el mundo globalizado hoy exige. Pero nada de eso ha sucedido y otra vez debe elegirse al salvataje coyuntural; volvemos al retorno de los experimentos políticos que recaen sobre una Bolivia que necesita rediseñar, definir y consolidar un país democrático, políticamente más estable, con certeza, certidumbre y así proyectar un desarrollo más equilibrado, recuperando la institucionalidad democrática, credibilidad de las instituciones y la autoridad, desechando visiones raciales o racistas extremas, odios y resentimientos e intolerancia, que son inadmisibles en un Estado de Derecho y el respeto de los derechos civiles que cada ciudadano tiene, donde se entienda que todos somos bolivianos y tenemos los mismos derechos políticos, sociales, económicos y de oportunidades diversas en cualquier punto del territorio nacional, donde ningún grupo social de cualquier naturaleza es dueña de algún jirón patrio y, se comprenda que no pueden conculcarlosarbitrariamente, bajo ninguna teoría política. Por ello lo autonómico o federalista, queda con sabor a peligro para la integridad nacional, por desvaríos totalitarios locales que se configuran aventureramente.  

La discriminación y la falta de inclusión verdadera y real de bolivianos que naciendo en otros departamentos o regiones determinan -por ene circunstancias- realizar su vida en otros lares del territorio boliviano, sin que tenga que sufrir discriminaciones humillantes para desarrollar capacidades y potencialidades que puedan aportar a la construcción de esta Patria boliviana, es lo que precisamente se ha dado y existe como realidad gestada por mano política torpe, inescrupulosa e inmoral llámese de izquierda, derecha o centro. Estas actitudes que prevalecen a pesar de normativas específicas para su no existencia y erradicación, solo han servido para el papel y nada más, son un saludo a la bandera y sirven de pregón a discursos sin aplicación positiva y efectiva. A cambio, se practicó lo contrario, destrozando las posibilidades de integración nacional en el lenguaje político que han utilizado políticos en discursos subliminales que alentaban y alientan el odio y la discriminación, especialmente de la gente que se atrincheró en grupos o sectores sociales -movimientos sociales- aleccionados peligrosamentemediante un sistema de comunicación alienado que se tradujo en mensajes de odio, pérdida de la autoestima del sentimiento nacional y de pertenencia a un solo país, y sobre lo cual estuvo fundado el accionar de 14 años que han venido, además, de la mano e intereses del peligroso submundo narco que ha penetrado a las estructuras del Estado. Cambiar esta figura y realidad, se convierte en una lucha titánica para lo cual deben aplicarse medidas y decisiones políticas muy consistentes y firmes, como ser cambiar las políticas de comunicación del ejecutivo y legislativo nacional y departamentales; reconstruir la credibilidad de las instituciones democráticas del país;rediseñar los contenidos de la educación con respecto a la visión país único e integro. Pero, en los programas políticos de los partidos no se ha podido vislumbrar estos elementos que clama la sociedad boliviana y que permitiesen avizorar un futuro promisorio desde las bases filosóficas hasta la curricula del “sistema educativo”. En este contexto, ningún “debate” trató ni aludió con consistencia, algo respecto a la Educación y a la lucha frontal contra el narcotráfico y los cultivos excedentarios de la hoja de coca (DEA). Es decir, dos elementos que debieran ser puntales de la reconstrucción democrática, no han sido tocados y menos considerados con la urgencia que demanda la realidad actual. Otros debates, otros temas, no hay tiempo, ni voluntades; el voto apremia. Pero, estos temas son urgentes y de imperioso tratamiento profundo.

Revisadas las propuestas políticas actuales, se constata que los temas de Educación, Salud y Medio Ambiente y Ecología, son producto de alguna idea partidaria, que no provienen de un equipo colegiado en cada especialidad y que demuestre que los sectores llamados por ley como ser educadores, médicos y ambientalistas, hubiesen participado en la elaboración de estas temáticas claves, más bien han estado ausentes. Los programas provienen de la imposición de ideas y nada más. No ha existido una construcción colectiva, democrática, amplia e irrestricta de participantes; los partidos no tienen un equipo colegiado o especialistas en estos y otros temas, no se han escuchado ni traducido en las propuestas de sectores colegiados, no se han tomado en cuenta la palabra de los que saben o conocen a profundidad cada temática: sólo se piden voto para sacar al enemigo y no que se vote por una transformación, por una verdadera innovación del desarrollo. Lo propio ha sucedido para los jóvenes, la mujer y, por ejemplo respecto la Justicia, la política exterior, el cambio de la matriz productiva, el tratamiento respecto los recursos naturales renovables (agua, suelo, flora, fauna, aire), las jubilaciones y AFP´s, el saqueo de fondos del BC, los casos de corrupción y otros. Los planes de los partidos políticos son resúmenes ni siquiera conceptuales, sino una lista de “buenos deseos” que no motivan, no hacen carne en la ciudadanía y menos en las nuevas generaciones. Por ello, es de creer, que los que han asistido a los “debates” no han podido dar una explicación al amplio auditorio respecto a sus propuestas. Los “debates” que no han sido tales, dejan sabor a muy poco, demasiado poco, irrelevantes y mediocres, salvo una o dos señales de participantes que sí conocían y sabían algo de lo que hablaban.

En el pasado, los partidos presentaban en materia de programas de gobierno, verdaderas tesis, amplios documentos debatidos, discutidos y aprobados que contenían postulados filosóficos, sociales, jurídicos,políticos y económicos (verdaderos libros y no “hojitas”). El país no necesita resumes como las propuestas actuales que no llegan a ser ni siquiera meramente conceptuales, sino apuradas “ayudas memorias” para cumplir con los requisitos de la norma electoral y del TSE, y nada más. Estas ayudas memorias no hablan de las vocaciones y potencialidades de cada región o departamento y de las capacidades institucionales locales y humanas para llevar adelante una propuesta. Por ejemplo, y a modo de critica constructiva y positiva, quien se ocupó de leer y considerar los magníficos ejemplos de propuestas políticas como fueron la Tesis de Pulacayo de Guillermo Lora o el Manifiesto de Ayopaya de Walter Guevara Arce, y/o  Nacionalismo y Coloniaje de Carlos Montenegro Quiroga, que fueron propuestas políticas que planteaban rediseñar el país, y propiciaron los contenidos para una visión país en 1946. O quien volvió a leer lo producido por RADEPA en estos tiempos electorales, en los que se planteaban una serie de propuestas, que se aproximaban a lo que necesitaba Bolivia como República, País y Nación, tal cual aquellas tesis planteaban. Las debilidades propositivas de las propuestas políticas actuales, no llegan ni siquiera a ser sombra de lo que el país necesita, tal es su pobreza nada sustantiva para un profundo cambio que su variedad inconsistente -por falta de visión filosófica-provoca mareos a quien lo lea; la panfleteria que circula de los proponentes actuales, lamentablemente, no tienen la sustancia que el momento exige y ofenden, por así decirlo.  

Algunos “lideres” en catorce años no pudieron o no se ocuparon de construir partido u organización política que trabaje sobre nuevos paradigmas e intentan nuevamente hacer política con siglas prestadas o usando viejos atuendos desteñidos de otrora partidos mercantilistas que pusieron en alquiler en la vergonzosa vitrina electoral, colores y signos que el pueblo está cansado de ver en cada campaña desde la recuperación de la democracia. Esta degradación patética, desanima a la cordura social y obliga a contrariar las afinidades que con algún personaje político o partido tienen muchísimas personas electoras, más aún, la población de las nuevas generaciones de votantes que se han acumulado en este decenio y medio transcurrido, que continúan encontrando el mismo discurso, voces y caras, que no terminan de reciclarse y de quienes la población está harta, hastiada. Obviamente no se salvan, nuevos rostros y voces cuyo timbre mantienen el mismo tono del reciente pasado medio siglo. El desarrollo político no se ha dado y los viejos esquemas y propuestas no se han movido ni un milímetro: decepción total. Reinvento político ideológico propositivo o filosófico: Cero. Esta carencia limita al pueblo boliviano a sopesar innovaciones con claridad y certeza, el pueblo votante sigue preso y esclavo de planes absurdos, poses que indignan y campañas que mantienen el perfil de considerar a la sociedad poco menos que estúpida, ignorante y sin cualidades racionales y pensantes. Burdos personajes, con atavíos y panfletería que muestra sus hilachas, inundando calles, plazas, parques y rotondas que asoman día a día, en un plazo muy corto, para hacer política inmediata, urgida, además de imperativa -nauseabunda, a veces- que, a pesar de las “cuarentenas”, irrumpen en la cotidianeidad de la gente en las ciudades, el campo y las minas (muchos dirán en los departamentos, provincias y municipios).