SIN TOMAR EN CUENTA LOS CUIDADOS NECESARIOS

Estamos tan acostumbrados a la improvisación y desorganización, que muchas irregularidades que suceden todos los días, ni siquiera nos llaman la atención. La informalidad en la que vivimos y de la que todos somos responsables, hace que presenciemos o protagonicemos situaciones que nos parecen muy normales, nada fuera de lo común y, en realidad, es verdad, son muy comunes en lo que estamos acostumbrados a ver y vivir.

Existen muchos oficios en los que lo que menos se considera es la seguridad de los que los practican, se asume que no se debe contar con esas precauciones comenzando por quien ejecuta la labor, que sin chistar la realiza y la concluye, arriesgando hasta la vida. Es el caso, por ejemplo, de albañiles que literalmente están al borde del abismo en un sinnúmero de ocasiones, suben y bajan, van y vienen, caminan por improvisados andamios que con un soplido pueden venirse abajo o hacen equilibrio entre dos estructuras que se tambalean. También están aquellos que arreglan lo que sea, lo que se les encargue, hasta las tejas de una casa, de un techo empinado en la soledad de la responsabilidad. Jugando a equilibristas de circo, andando al filo de la tragedia.

Si bien es parte de nuestro vivir, es urgente que se corrijan estas realidades que cuestan vidas humanas, atrofian otras y exponen constantemente la integridad de las personas. Parte de quienes contratan pero también de quienes son contratados.