El grito frustrado del pueblo

Se viene explicando que ante las dubitaciones, para fijar un norte respecto a la emergencia sanitaria, la población se va cansando de las restricciones y limitaciones, que no muestran resultados claros y nos llevan a un incremento sustancial de casos de coronavirus en los últimos días y, sobretodo, este mes de junio que ya termina.

Rebasamos los 100 días de medidas, entre cuarentenas menos rígidas, estrictas y solo en papel, hasta el “encapsulamiento” que rompe la cordura popular por el agotamiento anímico y económico de la gente. Pueblo que sí estuvo dispuesto a encerrase con cinco casos y que hoy quiere normalizar sus actividades con más de 500, contradictorio pero real. Trece muertos en tres meses parece no ser una cifra que asuste, salvo que son por Covid19, lo que cambia el escenario absolutamente. Las otras decenas o centenas de muertes que se producen “normalmente”, no espantan, sí lo hacen estas trece (número sacrílego) vidas cegadas por el virus.

El denominado “encapsulamiento”, debería haberse aplicado al inicio o semanas después del primer caso, de manera contundente, sin que nadie salga, con la conciencia de que en el intento de volver a la normalidad, podían darse otros más, la población hubiera aceptado hacer eso cada mes o mes y medio sin mucho problema y viendo los números de positivos con claridad, a estar asfixiándose más de cien días sin un tubo de oxígeno que le regale esperanza. La incapacidad de empatía y comunicación de parte de las autoridades queda al desnudo ante el enojo popular por “los experimentos” que se hace con la población, para ver qué es lo que funciona mejor o peor.

La medida que hoy se aplica es otro de esos “experimentos”, porque lo más que refleja es improvisación y desorganización, a pesar de saber que varias instituciones estuvieron “sesudamente” midiendo los efectos e impactos. Las autoridades o se escuchan solo ellas y entre ellas y lo que sucede afuera no existe o su desconexión con la realidad es tal que se vuelven peligrosas para el pueblo. Ya se venía hablando que a pesar de ese cansancio ciudadano y de tantos “cartuchos” quemados al aire, el “encapsulamiento” seguía siendo la opción más efectiva para quitarle oxígeno al virus en su ciclo epidemiológico, pero con mínimo 14 días de encierro total y absoluto, no menos ni a medias, aun así, se decidió que sea de 7 días para después ver qué hacer, cuando ya se sabia que tenia que ser por mas tiempo e incluso, sabiendo que así lo harían. Lograron que el enojo popular se multiplique pero que la medida sea asumida a regañadientes, se otorgó carta blanca para que en dos días miles de personas llenen calles, avenidas, supermercados, tiendas, ferias, mercados, carnicerías, etc y luego se enclaustre disciplinadamente. Sin embargo, se cayó en lo que ellos ya sabían desde antes de anunciar los primeros 7 días, que esto se ampliaría por 7 más pero… otra vez con dos días de “permiso para contagiarse (abastecerse)”, el colmo del absurdo. Esta semana cae y se rompe en mil pedazos porque el esfuerzo se irá por la cloaca. Volveremos al dizque “encapsulamiento”, para estar de miércoles a domingo, 5 días más, no 7, o sea, en resumen, este experimento consistió en 7 días de encierro con 2 días previos de calle general, dos días posteriores de normalidad y contagio, 5 días de encierro otra vez… gracioso al extremo del enojo, ridículo al extremo de la incapacidad.

Para colmo, ante el reclamo ciudadano, apretado por la angustia de los bolsillos vacíos, las autoridades revelaron soberbia y ausencia de sensibilidad ante la realidad que le toca soportar al pueblo. Los asambleístas departamentales y regionales, los Concejales municipales, diputados y senadores, miran al otro lado cuando se les pide bajarse los sueldos aunque sea en un 50%, hace meses que no trabajan en el sentido estricto de la palabra, si es que alguna vez lo hicieron, y aún así asumen un silencio cómplice ante esta demanda popular. Las autoridades ejecutivas no son muy claras en la información que dan ni totalmente transparentes en la forma que administran los recursos públicos en esta crisis, se explica hasta el límite de la ridiculez y rayando la falta de respeto a la inteligencia del pueblo, sin embargo, ahí están, ahí siguen, intocables e inmutables. Tal vez ahora es más fácil entender el enojo de la gente, porqué se está gestando una reacción que puede trastocar lo establecido. La frustración, la preocupación, el miedo, la angustia y el desencanto con los que el pueblo eligió, puede llevarlo a asumir medidas radicales, por algún lado debe escapar ese grito guardado, mordido, atravesado, silenciado… y no escuchado por esas autoridades.