Bale deja escapar otro tren

Por acumulación de partidos y minutos, por falta de descanso, por carga de trabajo y hasta por generación espontánea, pero era evidente que a Gareth Bale le llegaría su momento como titular del Real Madrid en este reinicio de LaLiga. Su participación antes del encuentro del Real Madrid contra el Mallorca en Valdebebas había sido escasa e intrascendente: apenas 29 minutos en la segunda parte ante el Eibar (3-1), con el equipo ya sesteando y luciendo una actitud muy pobre. Tanto que no tuvo minutos ni ante el Valencia ni en Anoeta contra la Real Sociedad.

Frente al Mallorca en el Di Stéfano, Zidane le eligió por fin para partir desde el inicio en el equipo titular, dentro de la que probablemente sea la propuesta más ultraofensiva del preparador francés hasta el momento: sólo dos medios (Valverde y Modric) y cuatro atacantes (Vinicius, Hazard, Benzema y el galés). Mucho talento y chispa unidos en los metros finales, que sin embargo no sacaron lo mejor de Bale; más bien lo contrario, volvió a dejar escapar un tren para demostrar que no es un futbolista del pasado, que vale al menos una buena parte de los 17 millones netos que se embolsa cada temporada.
Buen arranque, mal final
Su arranque fue esperanzador, cazando un balón en el costado derecho, recortando hacia adentro y soltando un latigazo que requirió una buena mano de Reina para despejar a córner. De todas las tareas que Bale ha dejado olvidadas, el gol es la más flagrante: no marca en LaLiga desde septiembre de 2019, cuando anotó un doblete en casa del Villarreal (2-2); en el resto de competiciones sólo ha logrado un gol más, en casa del Unionistas de Salamanca en la primera ronda de la Copa del Rey, en enero de 2020. Un bagaje muy insuficiente para el futbolista que en otro tiempo marcó para el Madrid no en una, sino en dos finales de la Champions.
Ese disparo en los primeros minutos fue casi toda su producción ofensiva en 71 minutos ante el Mallorca; hizo también otro fuera de palos y un tercero bloqueado por el sistema defensivo bermellón. En ese sentido sólo superó a Hazard, que se marchó con apenas un disparo fuera de portería, aunque el belga cuenta con la coartada de haber actuado como mediapunta, como conector único por el centro del ataque blanco para evitar que el 4-2-3-1 acabase siendo, como tantas veces se ha visto, un 4-2-4 que partiese al equipo y le comprometiese en tareas defensivas. Hazard se dedicó a electrificar las jugadas y dejó el remate a Benzema y Vinicius.
Los números de Bale
Bale estuvo relativamente participativo, con 26 pases buenos de 31 en total, aunque sólo la mitad fueron en campo rival (15); dejó escapar nueve posesiones en favor del Mallorca, el segundo atacante blanco que más, sólo por detrás de Vinicius (13); y al menos sí se le vio esfuerzo hacia atrás, recuperando cuatro balones. Pero en un Madrid con Vinicius en estado de ebullición, con Benzema como nueve de referencia y con Hazard lanzando las operaciones, a la espera de que le llegue la inspiración goleadora, Bale debe ofrecer mucho más que carreras para apoyar al lateral. De momento, ante el Mallorca, el británico volvió a pinchar en hueso.