CALLES VACÍAS EN LAS QUE SE MECE EL SILENCIO

Quienes aún podemos seguir transitando por nuestra ciudad, nos envolvemos en la paz y tranquilidad que reina en el ambiente, paradójicamente, la ausencia humana parece engrandecer el color y olor de la mágica naturaleza, detalles perdidos en la vorágine diaria de idas y venidas.

El silencio se impone al grado de romper esa paz y provocar temor, el miedo de la soledad pasea por doquier sin entender que si la gente no está, es porque otra clase de miedo se impone, a una pandemia que devasta el mundo entero y de la que intentamos escondernos.

Son tiempos de retiro y reflexión, de cuidar a los nuestros, de cuidar al resto, porque este problema no es de unos cuantos, es de todos y no discrimina. Solo la responsabilidad individual ayudará a levantar una muralla protectora. Mientras, el viento sopla, los árboles se mecen, el silencio pisa firme y lo natural vuelve a ser tal, disfrutando de nuestra ausencia.