Cazadores de odio en las redes sociales: así quiere Twitter desintoxicarse

Después de años sometida a la ley de la selva, la red social del pajarito ha decidido acabar con la «conversación tóxica» en internet.

Su problema es cómo encontrar el equilibrio entre la libertad de expresión de la que hizo bandera en su origen y la aplicación (a veces delirante) de sus propias normas

RODRIGO TERRASA

En el verano del año 2017, el artista alemán de origen israelí Shahak Shapira, cansado de denunciar sin éxito cientos de mensajes racistas que había leído en Twitter, se plantó frente a las oficinas de la compañía en Hamburgo y, armado con un spray y unas plantillas, reprodujo decenas de esos tuits frente a las puertas del edificio. Había insultos a los negros, frases machistas, amenazas a los gays, discursos negacionistas sobre el Holocausto… Ya saben, habrán leído infinidad de tuits similares en España. «Si Twitter me fuerza a ver esas cosas, entonces ellos también tendrán que verlas», dijo Shapira. Según él, Facebook había eliminado cientos de mensajes similares, pero Twitter no reaccionó (tímidamente) hasta su perfomance.

Un año y pico antes de aquello, la compañía del pajarito, que siempre presumió de ser «el ala de la libertad de expresión en la fiesta de la libertad de expresión», había empezado a tomarse en serio su problema precisamente con… la libertad de expresión. Creó, una década después de su fundación, el Consejo de Confianza y Seguridad y reclutó a más de 40 organizaciones y expertos de todo el mundo para «asegurar que las personas puedan seguir expresándose libremente y de manera segura en Twitter».

El trabajo -así lo demostró Shapira- no fue muy efectivo, y a finales del año pasado Jack Dorsey, CEO de la empresa, anunció medidas más drásticas. «Vemos que hay voces que se silencian cada día en Twitter. Hemos estado trabajando para contrarrestar esto durante los últimos dos años, pero no ha bastado. En 2017 lo convertimos en nuestra máxima prioridad y hemos avanzado mucho pero todavía hay quien cree que no hacemos lo suficiente, así que hemos decidido adoptar una postura más agresiva», comunicó el jefe en varios tuits.

En los últimos dos años, Twitter, consciente de que su aire era cada vez más tóxico, ha introducido más de 50 cambios de políticas, productos y operaciones para hacer que la experiencia de sus usuarios sea más segura y «reforzar la salud de la conversación online». Dice la compañía que celebra reuniones cada día para trabajar en ello. Sus nuevas reglas apuntaban a combatir el acoso sexual, los desnudos sin consentimiento, las expresiones de odio o la exaltación de la violencia. El problema es cómo conseguirlo.

«El enfoque de nuestra iniciativa es encontrar el equilibrio adecuado entre la libertad de expresión y la necesidad absoluta de las personas de sentirse seguras online», explica Karen White, directora de Política Pública de Twitter en Europa. «Es un desafío, y no siempre lo vamos a hacer bien. A medida que la sociedad y la cultura cambian, también lo hacen los tipos de comportamiento y los contornos de las conversaciones que vemos en nuestro servicio, así que debemos adaptarnos y evolucionar».

En julio de este año, The Washington Post reveló que Twitter había eliminado en sólo dos meses más de 70 millones de cuentas dentro de su campaña contra la actividad nociva en la red. En su último informe de Transparencia, hecho público este jueves, la multinacional reconoce que cada semana pone a prueba 10 millones de perfiles sospechosos de spam y asegura que las denuncias por mensajes basura no han dejado de descender en los últimos meses.

El enfoque de nuestra iniciativa es encontrar el equilibrio entre la libertad de expresión y la necesidad absoluta de las personas de sentirse seguras on line

Karen White, directora de Política Pública de Twitter en Europa

Desde la compañía subrayan que su obsesión ahora es detectar el comportamiento en la red social y no sólo moderar el contenido. Y para ello no han dejado de endurecer sus normas. Hay que recordar que Twitter es una empresa privada y se reserva el derecho de admisión, como los bares. Si no te gustan sus normas, ahí tienes la puerta o ahí tienes Instagram o WhatsApp, incluso un libro. La teoría dice que si publicas una barbaridad en la red social, Twitter te pedirá que la elimines. Si no lo haces, limitará de forma temporal tu cuenta y, si insistes, suspenderá tu cuenta de forma permanente y bloqueará cualquier nuevo perfil que quieras crear. La práctica, sin embargo, dice que el mundo ideal que sueña la compañía está aún lejos de ser una realidad.

Veamos un ejemplo de hace sólo unos días. Ulises Lafuente, guionista y dibujante de cómics, casi 6.000 seguidores en Twitter, publicó el siguiente mensaje en la red: «La culpa es de la izquierda que no hace campañas abogando por matar maricones». Se entiende que era un tuit irónico tras el auge de la derecha radical en España, pero incluía dos palabras, «matar» y «maricones», que le bastaron a Twitter para clausurar su cuenta durante unas horas.

«Es la primera vez que me sucede, sin embargo sé que es algo habitual en la plataforma», cuenta Lafuente. «A menudo se ve a usuarios lamentándose de lo mismo, y debido además al uso de la misma palabra que estaba incluida en mi tuit: ‘matar’. Twitter se ve en el compromiso de tener que moderar millones y millones de mensajes diarios escritos por usuarios de todo el mundo, y resulta logísticamente imposible que esta labor de moderación sea llevada a cabo por personal humano, de modo que acaban por delegar en algoritmos e inteligencia artificial».

Según Twitter esto no es así. Es cierto que la empresa no actúa de oficio, así que necesita que alguien denuncie el mensaje antes para responder. Pero aseguran que siempre es un equipo humano quien decide la suspensión de una cuenta. Su sistema de inteligencia artificial sólo actúa contra los bots o el spam o para identificar patrones de comportamiento abusivo o en la lucha contra el terrorismo. Según Twitter, es una persona quien decide cerrar una cuenta; otra cosa es que ese humano entienda la ironía o el contexto de un mensaje en particular.

«En el momento en el que otro usuario denuncia tu cuenta, pasan a investigar todos tus tuits», cuenta Lafuente. «El problema es que Twitter es una red social en la que habitualmente escribimos mensajes dependiendo de lo que el resto del mundo está tuiteando en ese momento, y es prácticamente incomprensible la lectura de tuits de actualidad fuera de contexto. El resultado es que es un sistema explotable precisamente por aquellos a los que Twitter pretende detener».

En los últimos tiempos la percepción de censura en Twitter se ha disparado por el cierre de cuentas de perfiles de personajes conocidos. Le ocurrió a Frank Cuesta tras responder a Dani Mateo por su célebre gag sonándose los mocos con la bandera de España, le pasó también al periodista Hermann Terstch por sus excesos, a la cuenta de El Chiringuito e incluso al Colectivo de Víctimas del Terrorismo. Según Terstch, el motivo es que «la extrema izquierda siempre ha sido la jefa de Twitter».

«Yo para nada creo que Twitter sea más de izquierdas que de derechas, pero sí creo que los de un lado se mueven mejor que los otros para silenciar a quien les molesta y esto al final crea casi un club de damnificados que incentiva todo tipo de teorías conspiranoicas». Quien habla es @godivaciones, María Blanco en la vida real, economista, profesora universitaria y activista liberal, según su autorretrato. El mes pasado también le suspendieron la cuenta después de contar desde su perfil que se había negado a aplazar un examen a sus alumnos, que alegaban a última hora «una huelga contra el machismo en las aulas». La ira cibernética se cebó con ella y se quedó castigada sin cuenta durante unas horas. Entre los tuits de su historial que fueron denunciados de forma masiva había uno dirigido a una amiga que decía algo así: «Un día te presento a mi hija Carlota… te mueres de risa».

¿Te mueres? ¡Error!

«Me machacaron y empecé incluso a recibir mensajes de amigos a los que Twitter daba las gracias por haberme denunciado aunque no habían hecho nada. Ese es el problema real, y no la censura. La seguridad. Es relativamente sencillo hackear tu cuenta y denunciar en tu nombre. Twitter permite que personas acosen y derriben maliciosamente otros perfiles. Si tuiteas de fútbol no pasa nada, pero si te posicionas políticamente y tienes cierta pegada, rastrean tu timeline y antes o después encuentran una palabra denunciable».

-¿Vale la pena pagar el precio de perder la cuenta durante unas horas si así se acaba con la agresividad?

-Valdría la pena si realmente funcionara, pero no funciona. Twitter está eliminando cuentas pero no elimina el problema. Quien quiera puede amenazarte de muerte sin utilizar la palabra muerte, y Twitter ni se entera, sin embargo los hackers te tumban la cuenta en un momento. Yo no me voy de Twitter porque me lo paso pipa, pero es una pena que la falta de seguridad instale el mal rollo entre tanta gente divertida. Hay cuentas que se están yendo y Twitter acabará siendo tan lánguido que los jóvenes no entrarán jamás.

Para relativizar esta psicosis por la presunta mordaza de Twitter, la compañía recuerda que el número de cuentas reportadas por abuso constituye menos de un 1% del total. ¿Cuál es el problema entonces? ¿La censura, la excesiva tolerancia o el equilibrio imposible entre las dos cosas?

Francesc Pujol es profesor de Económicas y especialista en reputación online. Según su análisis, el problema de Twitter es que nunca estableció unos marcos claros de control como sí definieron plataformas como YouTube, Instagram o Facebook y cuando ha querido hacerlo, el follón ya se había instalado. «La solución sólo está en manos de Twitter. El contenido que permites es al final el contenido que favoreces y en Twitter se ha generado una dinámica clarísima de conflicto, de choque, de un ruido con el que la empresa ha estado feliz durante muchos años porque le daba vitalidad, tráfico, publicidad… A corto plazo, ese modelo Sálvame funcionaba porque era tóxico pero adictivo. El problema es que ahora se han dado cuenta de que a largo plazo no funciona y lo triste es que no cambian porque quieran recuperar su esencia, sino porque ven que pierden ingresos y rentabilidad».

-¿Está Twitter a tiempo?

Twitter ha sembrado tanto ruido durante años que no puede pretender arreglarlo ahora de un día para otro

Francesc Pujol, especialista en reputación on line

-Depende de ellos, pero han sembrado tanta mierda que esto no se arregla de un día para otro. Durante años han acostumbrado a la marabunta, a acosadores, a funcionar felices y tranquilos en Twitter. No puedes alimentar a los gremlins y ahora pretender que sean gizmos.