Y LAS QUEBRADAS… SIGUEN IGUAL

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Una realidad sobre la que nada se hace se refiere en Tarija, es al estado de sus quebradas, la contaminación que padecen y el foco de infecciones que significan hoy por hoy. Cloacas a cielo abierto, tal cual lo enfatizamos, que se han convertido en un botadero general, sin discriminación, de absolutamente todo, aguas servidas, plásticos, basura, desechos tóxicos, etc., esas mismas aguas ennegrecidas por el ser humano van directamente al río Guadalquivir que apenas serpentea moribundo, es decir, se trata de un círculo vicioso letal, nocivo, que no sólo afecta la flora y fauna de la quebrada y el río, sino también nuestras vidas mismas. Lo malo es que no lo vemos, no lo notamos, que nos hemos acostumbrado tanto a vivir viendo y soportando eso que casi es normal. El que llega a Tarija, si lo nota, siente los malos olores de las lagunas de oxidación, le llama la atención la suciedad extrema y la pestilencia de las quebradas, es que se trata de un problema muy grave que ya es hora de considerar en su real dimensión, no podemos dejarlo de lado y desatenderlo como siempre, por esa razón la situación ha llegado hasta donde llegó. 
El municipio debe cumplir con sus responsabilidades, mínimamente informar si existe un proyecto específico con recursos económicos para atender esta demanda, la del Guadalquivir y las quebradas, no se puede hacer lo uno sin hacer lo otro, es más, no se puede pensar en una tarea como esa sin definir urgentemente lo de la planta de tratamiento de aguas residuales y otros aspectos, porque todo se traduce en el hecho de que nuestros desechos ya no tienen donde ir para recibir un tratamiento adecuado y por eso van a lagunas hediondas colmatadas, ríos agonizantes y quebradas contaminadas… un muy peligroso laberinto en medio del cual estamos nosotros.