MUERTES AL AMANECER… LECCIONES NO APRENDIDAS

El tiempo pasa y nadie ni nada lo detiene, los días transcurren y la muerte de Sebastian sigue calando hondo. Los ocho supuestos implicados están con detención preventiva en el penal de Morros Blancos en la ciudad de Tarija, la sed de justicia fue saciada parcialmente, la policía actuó con eficiencia y rapidez y los jueces fueron contundentes en su evaluación y conclusión.

La familia del joven fallecido seguramente está pasando por un verdadero infierno, sintiendo que ni siquiera el tener en la cárcel a quienes se ve como culpables de este crimen, calma el dolor de su corazón. La acompañamos en un momento tan duro e incomprensible.

Sebastián no volverá y ese fin de semana, el primero de este 2020, será recordado como el comienzo de un calvario. Pensar que la noche de Año Nuevo todos los deseos eran de felicidad y prosperidad…todo cambió tan bruscamente… el futuro sigue siendo un enigma para todos, no sabemos lo que nos reserva.

Como sociedad tenemos que ser capaces de aprender de estas terribles situaciones, no lo hicimos de otras y por eso vemos con cierta duda que lo hagamos ahora. Ahí queda la muerte de aquel muchacho de Santa Cruz que también un negro amanecer fue masacrado por varios cobardes y atacado hasta morir en el frío de una calle, fuera de una discoteca cercana a la plaza Sucre. Ahí queda la muerte del “seguridad” de un local nocturno en la zona de El Molino, también agredido por varios individuos. Así como Sebastián, no volverán jamás y por desgracia estamos lamentando esta última tragedia como muestra clara que no aprendimos esa lección y nuestros jóvenes siguen muriendo los fines de semana, en la madrugada, en medio de la locura del alcohol y tal vez las drogas, en medio del desenfreno animal que logra el dominio de nuestros más básicos instintos. Tememos que este caso que tanto conmueve, pase y quede ahí como los otros, porque la idea no es que sigan muriendo jovencitos y sus homicidas o asesinos terminen presos y en la cárceles… ¡no, no es eso lo que nos debe dar paz o cierto desasosiego!… es nuestra obligación impedir, prever, que esto no suceda más y el problema está en nosotros mismos, en nuestras familias que son las células de una sociedad que se pudre o que ya está podrida por culpa nuestra, porque somos los reproductores y transmisores de esta realidad, estamos fracasando como padres, creemos que es suficiente con traerlos al mundo y dejamos de lado el enseñar principios y valores que les sirvan a nuestros hijos como herramientas para caminar en esta vida. Estamos fracasando porque permitimos que nos digan “anticuados” por simplemente querer saber qué hacen, dónde están y con quién están nuestros hijos. Son ellos mismos los que nos critican y cedemos ante el “nuevo tiempo“ y las “nuevas costumbres”… no funciona así, claramente vemos que con las “nuevas formas “ de ser, de vivir y de criarlos, nos está yendo muy mal, las
consecuencias son irreversibles por desgracia y no hay lamento que valga para corregir lo que en su momento no se hizo. Es tiempo de mirarnos cara a cara y sincerarnos, dejar la hipocresía de lado, de reencontrarnos, de dejar de buscar culpables afuera porque estan aquí adentro y somos nosotros mismos.