OLVIDO Y DESCUIDO URBANO

Sabemos que desde primavera y en la medida que las temperaturas suben y se acercan las lluvias, la naturaleza se expresa, se muestra y crece a sus anchas, sin límites. En una ciudad organizada, se debe aprender a convivir con esa naturaleza voraz que intenta copar espacios que las personas le quitamos, por eso es que permanentemente se debe controlar y regular el crecimiento de plantas y matorrales en espacios poblados.

En una ciudad como la nuestra, que es invadida por moscas y zancudos en el verano, si no se toman las previsiones del caso con anticipación, se sufrirán las consecuencias de la improvisación. La maleza sirve como cuna donde se reproducen y esconden estos insectos que pueden llegar a ser dañinos para la salud. Sin campañas de fumigación a la vista y tampoco tareas de mantenimiento de las áreas verdes, la gente queda expuesta a lo que venga. Más allá del más aspecto, del descuido evidente, el verde voraz avanza hasta sobre las calles, ya que no existen las veredas. Es el municipio quien debe cumplir con su rol y hacer que los vecinos asuman sus responsabilidades.