CONVIVIENDO CON EL CONTRABANDO

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Cada vez que la economía argentina se deprime, los productores tarijeños sufren, venden menos, sus ingresos caen, despiden gente y tambalean. Dependiendo de cuánto dure este trance, mejor o peor para ellos. En realidad, es la economía regional la que se ve perjudicada, el golpe lo sentimos todos.

Estos últimos meses de crisis del vecino país han sido duros y otra vez el empresariado ha pedido al gobierno nacional y a las instituciones encargadas de luchar contra el contrabando, que extremen recursos, las respuestas siempre son las mismas, todas positivas en el discurso pero de escaso efecto en los hechos. Tanto la Aduana Nacional, que es la que tiene competencia para regular situaciones así, como otros organismos como la Dirección de Migración y el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e inocuidad Alimentaria (Senasag), hacen lo suyo en lo que les corresponde. De vez en cuando informan de uno que otro operativo en el que incautan productos que luego son desechados o incinerados. Quienes  van a la Argentina o hasta Bermejo o Yacuiba, se quejan porque en medio camino les quitan lo comprado, algunos vinos, productos lácteos, carne vacuna, en fin, en mínimas cantidades, que no mellan lo grueso de lo que pasa ilegalmente.

Lo que más preocupa es que lo grande del problema sigue sucediendo, el contrabando mayor sigue y corre. Ahí es donde no vemos qué hacen y sus resultados, parece que para la foto basta con arrebatar pocas cosas a civiles que sólo se están ahorrando algunos pesos por la diferencia de precio, mientras que los grandes contrabandistas continúan en lo suyo. Además, esto es de conocimiento público, sabemos que así funciona y nadie mueve un dedo mas de lo necesario, hasta los empresarios se cansaron o encontraron la manera de convivir con el contrabando, las reglas impositivas son muy duras para ellos y no existen para los informales que se dedican a vender lo que cruza la frontera ilegalmente. Quien no es boliviano no entiende esta ecuación que simplemente muestra nuestro “modus vivendi”.

Los pasos del contrabando son casi incontables, se les da un número temporal aunque se multiplican cada día, hay mercado para vender y no hay leyes para controlar, es un buen negocio, aunque sea a costa de lo nuestro.