UNA LUZ ROJA QUE SE ENCIENDE NO SOLO PARA PEDIR DINERO

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El dinero se diluye en nuestras manos, desaparece de los bolsillos, no alcanza para lo que precisamos. Triste es ver en estos últimos tiempos, a súbditos venezolanos, con niños en brazos, pidiendo limosna, una ayuda, dicen que la necesidad tiene cara de hereje… y esta es la mejor prueba.

El ingenio despierta para encontrar una manera de lograr ingresos económicos que permitan sostenerse, así es que vemos profesionales conduciendo un taxi o en otras ocupaciones que no tienen nada que ver con su título académico. Lo cierto es que también, así como ocurre en otras ciudades del mundo, en las nuestras hemos visto aparecer personajes que toman nuestra calles para hacer cualquier pirueta con tal de ganarse unos pesos.

En muchos casos son extranjeros que van de trotamundos y en cada estación que hacen deben ver como subsistir, no sólo están en los semáforos sino también en las plazas o parques más concurridos, cantando, tocando algún instrumento musical, vendiendo manualidades, etc. , mientras no se aparten de lo legal no hay nada de malo. Pero ahora también se suman nacionales, que aprendieron de los visitantes y ocupan su lugar en las calles, en muchos casos son niños, menores de edad, que por propia iniciativa o instruidos por sus padres, encuentran afuera una fuente de subsistencia, pequeños que se dedican a esto en ciertas horas porque luego deben ir a la escuela, es una forma de ayudar en la casa aunque sea librando a los papás de sus gastos. De hecho que por las características del «trabajo», implica muchos riesgos, son menores que a veces no tienen el cuidado suficiente y se aproximan a un vehículo imprudentemente o salen antes que el semáforo obligue a los conductores a detenerse, son chicos que se arriesgan por su propia inexperiencia y constituyen un reflejo duro de la realidad de nuestra sociedad. Más allá de que nos brindan breves pero interesantes espectáculos entre la luz roja y la verde, estos pequeños son un llamado de atención a las autoridades, niños convertidos en trabajadores callejeros, en malabaristas de calle, que se las tienen que rebuscar para ver qué comer en el día y para ayudar en casa exponiéndose a una serie de peligros, incluso podrían darse casos de explotación infantil sin que lo notemos. Es tiempo de proteger a nuestros niños y esa es tarea de todos.