La democracia instantánea

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Por Antoni Gutiérrez-Rubí

En el contexto actual «el negocio ya no es la información, es la atención». Antes teníamos tiempo entre cada uno de estos verbos. Ahora no. Todo sucede al momento. Y cualquier persona, o la suma de ellas, tiene el poder de cambiar la agenda pública, escribe Antoni Gutiérrez-Rubí

Parece que Google nos ha acompañado siempre, pero solo tiene 20 años. Google sirve como metáfora antropológica de este corto pero acelerado período. Se han cambiado las ecuaciones de manera radical. Hemos dejado de recordar para buscar, hemos dejado de pensar para buscar, y estamos casi dejando de decidir para estar en la búsqueda permanente. La relación entre el bien abundante (la información) y el bien escaso (el tiempo para procesarla) está provocando que las reacciones desplacen a las reflexiones en nuestros procesos cognitivos. La maduración y la decantación de las decisiones sucumben a la inmediatez y a lo instantáneo. El gran cambio: la reputación se enfrenta al ‘ranking’ digital como el gran ordenador del mérito o el conocimiento.

Si pusiéramos en una caja toda la información que tenía la humanidad hace 10 años, esa cantidad de datos es la que hoy produce diariamente. Nada, en la historia humana, ha sido nunca tan transformador (disruptivo, le llamamos), y eso nos afecta en la vida cotidiana, y en la política, y genera nuevos retos para la democracia. Esos son algunos de ellos:

Enorme aceleración de la transición entre pensar, decir y hacer. Antes teníamos tiempo entre cada uno de estos verbos. Ahora no. Todo sucede al momento. Y cualquier persona, o la suma de ellas, tiene el poder de cambiar la agenda pública. A finales de los años noventa, con la CNN, hablábamos de su lema «Está pasando, lo estamos viendo». En la actualidad, cambiamos a «está pasando, lo estás diciendo, tuiteando». No hay espacio de transición

Pérdida de relaciones causales y aumento de relaciones secuenciales. Una relación causal es que algo pasa por algo. Hay una causa y una consecuencia. La relación secuencial es un cambio. Todo va rápido. Se sustituye la pregunta por las respuestas. Lo que vemos en el ‘timeline’ va eliminando, sustituyendo, diluyendo lo anterior. Perdemos la referencia causal. Y eso es un problema para la acción política. También ocurre con las noticias, cuando los medios sacan primero el titular y luego ya buscan y añaden más información. Lo importante pasa a ser la rapidez.

La linealidad, ordinalidad y jerarquía sucumben a la lectura espasmódica, la ruptura de la continuidad izquierda/derecha y arriba/abajo, así como la relevancia queda reducida a un estímulo visual, no a una idea que emerge entre la maleza. El ‘clickbait’ (que podemos traducir literalmente como «cebo de clics») pretende, a través de un titular con gancho, que el usuario haga clic en el artículo para generar una nueva visita. El negocio ya no es la información, es la atención. Esta nueva manera de pensar (que hace de lo efímero, del salto permanente, de la inmediatez el nutriente de la conciencia) nos vuelve más caprichosos, impacientes y pueriles. Y manipulables como acredita el informe Media Manipulation and Disinformation Online de Data & Society.

La democracia de los cuatro años sucumbe a la demanda de los cuatro segundos. Hoy, los grandes lentos pueden perder contra los pequeños rápidos (según una frase de Nikesh Arora, exejecutivo de Google). Hasta hace poco, ejercía el poder quien tenía recursos y fortaleza. Tamaño y posición. Eso está superado por la emergencia de los pequeños rápidos. El poder se está transformando de manera extraordinaria; hoy en día también los micropoderes pueden ganar, como afirma Moisés Naím. Ser rápido es más importante que ser fuerte. Y es más importante ser rápido y ágil que ser grande.

Lo táctico se impone sobre cualquier otra disciplina. Deberíamos pensar a medio y largo plazo para no cometer errores. En cambio, la democracia instantánea nos lleva al imperio de lo táctico. Hay una clara dependencia de la inmediatez. Líderes que ya no se reúnen, sino que hablan ―y gobiernan― por WhatsApp. No hay capacidad de reflexión, la estamos perdiendo, la pierden los líderes. Y todo ello tiene como consecuencia una mayor debilidad de la política.

Cuatro segundos es el tiempo de nuestra paciencia cognitiva para seguir leyendo un artículo de un sitio web, por ejemplo. Pero no es solo el tiempo que invertimos en lo que leemos, sino en la mayoría de las acciones que tomamos, cada vez más. También en el voto. En una época de tanta información disponible, ¿para qué decidir ya mi voto? Protejo mi decisión, la hago más íntima, más personal, hasta el último minuto. Aumenta así la fragilidad del mal llamado voto cautivo.

La economía de la atención está transformando también la democracia en una política de la atención. Pero no la que pudiera atender los problemas, sino la que se acelera para, precisamente, abordarlos de manera táctica, superficial, rápida y epidérmica. La tiranía de los cinco segundos es ya un serio peligro para una política profunda, responsable y sustentable.