Autonomía universitaria

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Por: Nils Puerta Carranza
La Reforma Universitaria iniciada en la ciudad de Córdoba el año 1918, influye en Bolivia para la toma de decisiones de un importante movimiento universitario apoyado por grupos sociales que representan al pueblo, para impulsar cambios trascendentales en el país.
En Junio de 1930, el Gral. Carlos Blanco Galindo, fue llamado para ser presidente tras el golpe de Estado al Dr. Hernando Siles Reyes. Su principal asesor civil Dr. Daniel Sánchez Bustamante, fue el creador del Estatuto de la Junta, documento aprobado el 29 de junio de 1930 cómo Decreto Supremo, donde se incluye en el Artículo 23, la vigencia de la Autonomía Universitaria, pero que debería ser sometida a un referéndum popular.
El 25 de julio de 1930 con el apoyo del pueblo, se consagra en la Constitución Política del Estado, en su Artículo 185, la Autonomía Universitaria. El gobierno de la Junta Militar, presidido por el Cnl. David Toro, mediante Decreto de 1 de julio de 1936, fijó la descentralización tributaria para que cada Universidad contara con recursos propios provenientes de impuestos municipales y departamentales; con lo que se consagró la autonomía económica de las universidades.
En la actualidad, la Nueva Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, mantiene la vigencia, principios y fundamentos de la Autonomía Universitaria, según el Artículo 92, que dice: I. Las universidades públicas son autónomas e iguales en jerarquía. La autonomía consiste en la libre administración de sus recursos; el nombramiento de sus autoridades, su personal docente y administrativo; la elaboración y aprobación de sus estatutos, planes de estudio y presupuestos anuales; y la aceptación de legados y donaciones, así como la celebración de contratos, para realizar sus fines y sostener y perfeccionar sus institutos y facultades. Las universidades públicas podrán negociar empréstitos con garantía de sus bienes y recursos, previa aprobación legislativa. II. Las universidades públicas constituirán, en ejercicio de su autonomía, la Universidad Boliviana, que coordinará y programará sus fines y funciones mediante un organismo central, de acuerdo con un plan de desarrollo universitario.
Esta conquista del movimiento universitario de la mano con su pueblo, reafirma el compromiso de formar a los nuevos líderes con capacidades intelectuales y afectivas, identificados en trabajar por mejores días para el país, la región y el mundo.
A pesar de contar con la Autonomía Universitaria, las instituciones de Educación Superior en Bolivia, continúan dependiendo del presupuesto del Estado que históricamente no cumple con el mandato que la misma Constitución reza, que es la de brindar los recursos necesarios y suficientes para cumplir con este encargo social de formar profesionales idóneos.
El evidente crecimiento poblacional de jóvenes que ingresas a las universidades, multiplican las necesidades en todo orden, desde el claustro docente, administrativo de infraestructura e innovación tecnológica. Si bien gracias a los recursos del IDH, se logró construir imponentes edificios, pero, el equipamiento y fomento a la investigación – extensión, sigue siendo el talón de Aquiles.
Hoy las universidades son receptores del potencial humano que merece atención, por ello, se hace indispensable reflexionar del legado de la Autonomía Universitaria, como un instrumento de compromiso al estudio, la capacitación, la conciencia social que nos permita construir un mundo mejor.
Hoy 25 de julio día de la Autonomía Universitaria es un buen motivo para la autorreflexión, el autoanálisis y la tomar acciones al diagnóstico que todos conocemos (desterrar la politiquería en el claustro, incentivar la investigación y extensión, además de fortalecer la mística universitaria como bastión de propuestas que suman y construyen país). Tanto el Estado como las propias universidades, deben responder con altura, los retos que se presenta en estos tiempos difíciles.