Cuadernillo Amarillo

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Gonzalo Lema

Cochabamba, Julio-2019.

Sin llegar al extremo del Gurú Rajneesh (“O meditación o suicidio”), es necesario pensar sobre la vida. También sobre la muerte. Sobre el origen del universo y de la Tierra en particular. Sobre el hombre. Quizás, si no nos da temor, sobre el sentido mismo de esta existencia. Porque ¿tiene sentido? O, como afirman muy celebrados pensadores, no lo tiene. Su razonamiento asevera que la existencia es una búsqueda persistente del sentido. Algunos pocos no sólo lo hallan sino trascienden estas preocupaciones, pero otros, más de los que quisiéramos, ni siquiera se lo han preguntado. ¿Acaso es posible vivir bien sin hacerlo? Salvador Pániker, el filósofo indio-catalán radicado en Barcelona, ha escrito un precioso diario hasta poco antes de morir: “Cuaderno Amarillo”. Aunque Andrés Trapiello afirma: “En un diario íntimo se dicen las mismas mentiras que en cualquier otra parte”, muy pronto se advierte la sinceridad, aplomo y coherencia del autor en su visión de la vida. Ex católico, incluso con hermano sacerdote debido a la atenta influencia de su madre española, él afirma que este es un mundo de disfrazados: cristianos, mahometanos o budistas; que el monoteísmo ha despojado a la naturaleza de su sacralidad, pero que la religión subterránea –y eso es el arte y la mística- ha mantenido encendida la llama; que el artista de valía, de varias maneras, ha tomado el relevo del chamán; que el fundamentalismo monoteísta es responsable de toda la intolerancia fanática que ha emponzoñado el mundo; que la mística es esa seguridad previa que te permite vivir dudando. ¿Hay algo más bello que formular preguntas? La suya ha sido una vida larga: 1927-2017. Además de filosofar con pasión en torno a temas religiosos de Occidente y Oriente, libró las batallas que hacían y hacen falta a favor de la eutanasia o suicidio legal, tema muy ajeno a nuestra agenda de debates. Sin embargo, “puesto que el mundo no va a ninguna parte, no hay prisa” (Alan Watts). La eutanasia como parte de los derechos humanos naturales del hombre se discute cada día en Europa. ¿Es un derecho del hombre, a partir de cierta edad, de ciertas condiciones, acabar con su vida? ¿Por qué si? ¿Por qué no? O ¿acaso debe vivir contra su voluntad pese a que considera que su vida está concluida? ¿Quién dice que sí? ¿Y si es ateo? Porque los mismos derechos humanos indican que el ser humano es libre de practicar un culto o, en su caso, de no hacerlo: “Dios es lo que cada cual hace con su silencio”, afirma Salvador Pániker. Es bueno señalar que no todo el mundo sabe lo que meditar significa, por más que se cruce de piernas con la espalda recta. Pese a que Desjardins solía indicar con burla que “sólo sabe meditar quien es capaz de guardar silencio hasta casi desaparecer”, el afán de verbalizar nuestros sentimientos (aunque esto conlleve una simplificación) y nuestros pensamientos, cada día o cuando hace falta, visibiliza cuán proclives somos a meditar (pensar, repensar) sobre temas que arman nuestra vida diaria. Tenemos esa afición, esa imperiosa necesidad. Lo que sucede es que en muchísimas ocasiones nos perdemos en el laberinto y no llegamos a buen puerto, o nos avocamos a temas harto trillados, carentes de novedad, de brillo, incapaces de generar expectativa. ¿Acaso la vida está escrita, ya hecha? Octavio Paz dice que “la historia sigue una espiral sobre el torso del tiempo, una espiral que vuelve sin cesar, y sin cesar se aleja del punto de partida”. Es una maravillosa idea e imagen: vamos para atrás, vamos para adelante, pero nunca estamos en el mismo lugar. La vida, que es la misma, se inventa cada día. ¿Por qué, pues, no pensamos (meditamos) sobre eso? Salvador Pániker nos susurra al oído: “Pertenecemos a un mundo multicultural y es imparable el giro retroprogesivo: aproximación al origen, conciencia ecológica, revalorización de lo animal, complementariedad animus/ánima. Una nueva religiosidad emerge, poco amiga del Padre, o al menos, del Padre en exclusiva”. Al mismo tiempo, otra doctrina política se va formulando para dejar de derramar miserables bajo el puente o infelices uniformados en las calles. Y también se busca y se encuentra plataformas de energía nueva y sana. Hay más noticias: la democracia es una forma de vivir mucho más que una forma de gobierno. Pluralismo significa asumir que vivimos en sociedades donde coexisten distintas concepciones sobre lo que es bueno y lo que es malo. No es tan sólo una torre de Babel.