Pueblos amigos

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Gonzalo Lema

 Gustavo Rodríguez Ostria ha escrito un libro esencial para estrechar los vínculos entre Bolivia y Perú: Huéspedes Guerreros. El Batallón Sucre en el Sur del Perú 1879-1880. Además de honrar la memoria de aquellos valientes soldados de casaca amarilla que murieron por miles en la batalla de Tacna, honra la valentía de las rabonas, mujeres sin igual, que asistían a sus hombres, y enfrenta al malicioso rumor generalizado en el país vecino, aún en pie, que indica que Bolivia lo abandonó a su suerte en la guerra del Pacífico. 

​El 18 de agosto de 2015, para maravillosa sorpresa nuestra, fueron repatriados del “Campo de la Alianza”, escenario de la decisiva batalla del 26 de mayo de 1880, un oficial y un soldado bolivianos, ambos muertos por defender Tacna, tras imponente, solemne y emotiva ceremonia celebrada en Lima por el gobierno del Perú, en el Cuartel General del Ejército. Quedaba clara la voluntad  de revisar la historia que fisuraba la relación de nuestros países y el ánimo de solidificarla en torno a la verdad. A los uniformados se los condecoró con la “Medalla del Combatiente Mariscal Andrés Avelino Cáceres” por acciones distinguidas en el campo militar. En Sucre, capital de Bolivia, se recibieron los restos de los soldados en calidad de héroes, y se recordó que retornaban después de 135 años de ausencia, como firme y veraz testimonio de presencia del ejército boliviano durante la guerra.

​En la planicie de Intiorko -luego nombrada “Campo de la Alianza” por el General Narciso Campero, presidente de Bolivia, buscando fortalecer simbólicamente la unidad entre este país y Perú, integrantes del Ejército Unido o Alianza-, situada a ocho kilómetros de la ciudad de Tacna, miles de peruanos y bolivianos combatieron contra las tropas invasoras chilenas que intentaban tomar la ciudad y consolidar su presencia en el sur peruano. La documentación continúa trabajándose con el afán de abandonar la lírica y hablar con la necesaria convicción  que se tiene sobre las cosas ciertas. Se ha investigado poco sobre nuestras tropas en Perú entre los años 1879-80. En verdad, se puede afirmar que hubo descuido. Esa terrible circunstancia dio lugar al surgimiento de la vergonzosa acusación que se desliza sobre el comportamiento de las tropas bolivianas durante la guerra. Pero el tema es de interés actual, a juzgar por la presencia de este libro y también de varios trabajos de investigadores peruanos. Daniel Parodi Revoredo, por ejemplo, afirma contundente: “llama la atención que el enfrentamiento decisivo de la fase terrestre de la guerra del 79 amerite tan poca recordación en el Perú, que quizás se deba a la ausencia en el Campo de la Alianza de imágenes gráficas que exalten el patriotismo, tan románticamente utilizadas por el positivismo histórico”. Algunos párrafos más adelante nos sorprende con la siguiente conclusión: “En el Perú, hemos decidido recordar y premiar a Tacna por lo que hizo después, por su resistencia a la ocupación, solo a Arica la recordamos por su batalla, quizás porque finalmente la perdimos, en 1929”.

​El relato de Rodríguez Ostria concluye en los hechos posteriores a la batalla de Tacna. Los inmediatos, se diría. Al parecer, al mismo tiempo se comenzó a difundir la patraña del supuesto abandono de Bolivia al Perú. Sin embargo, las fundamentales investigaciones de Daniel Parodi Revoredo y Mario Núñez Mendiguri afirman que Bolivia continuó en la Alianza hasta la dispersión del ejército del sur, el 25 de octubre de 1883, debido a cierta consulta a la población que motivó su levantamiento.

​Bolivia no abandonó al Perú. Bolivia rechazó la proposición chilena que le ofrecía Tacna y Arica a cambio de abandonar al Perú en plena guerra y pasarse a su bando. Bolivia siguió enviando armas y dinero. Su ejército se instaló en Puno, de acuerdo con una estrategia acordada previamente, para resistir la invasión. Cada día se documenta mejor al respecto.

​Finalmente, este magnífico libro no está pensado para atizar encono alguno, sino recuperar la verdad histórica y hermanar a los pueblos. Como afirma Voltaire, citado por el presentador, “es triste que muchas veces para ser un buen patriota sea necesario ser enemigo del resto de los hombres”. Los europeos van superando el patriotismo y enarbolan, cada día más, la bandera azul. Nosotros, los latinoamericanos, tenemos el mismo anhelo y algunos pasos damos en ese sentido. El tema del mar, tan caro a nuestros sentimientos, debe ser motivo esencial de unión de nuestros pueblos. Para ello es importante ejercitar una mentalidad moderna, no colonial.