A dos años de la tragedia de Chapecoense

BOGOTA, 28 NOV
Dos años después de la tragedia del Chapecoense, que enlutó al fútbol mundial, solo quedan recuerdos, partes del avión siniestrado repartidas entre curiosos, un museo que no fue, un monumento que todavía no se hizo y las familias de los 71 fallecidos sin indemnización y a la espera de respuestas a lo ocurrido.
A las 22.15 horas del 28 de noviembre de 2016 el avión de la compañía boliviana LaMia 2933 se estrelló contra el Cerro Gordo, a escasos kilómetros de la pista de aterrizaje del aeropuerto José María Córdova, a las afueras de Medellín.
La aeronave transportaba al club brasileño Chapecoense que jugaría el duelo de ida de la final de la Copa Sudamericana frente a Nacional, pero una serie de fallas, entre ellas la falta de combustible, terminaron en tragedia.
Del desastre solo sobrevivieron seis personas: el periodista Rafael Henzel, los tripulantes Ximena Suárez y Erwin Tumiri, y los futbolistas Alan Ruschel, Jakson Follman y Helio Neto, los demás perecieron tras el impacto de la aeronave contra el cerro.
Aquella noche y en los días que le siguieron al siniestro, las autoridades de Colombia, Brasil y Bolivia ofrecieron aclarar lo ocurrido, al tiempo que surgieron una cantidad de ofrecimientos y la promesas para exaltar a las víctimas, resarcir a los sobrevivientes e indemnizar a las familias de los fallecidos.
Una investigación adelantada por la Aeronáutica Civil de Colombia detalló la cadena de irregularidades del aquel vuelo, incluida la decisión del piloto de no abastecerse de combustible entre Santa Cruz (Bolivia) y Medellín (Colombia).
Salvo esa investigación, todo lo demás flota en el aire.
El diario El Colombiano de Medellín reveló este miércoles que el monumento que el municipio de La Unión, en cuya jurisdicción está el cerro del accidente, no se construyó al parecer por disputas políticas.
El museo con las cosas que se recogieron en el siniestro quebró por falta de dinero y todo lo que se exhibía se redujo a un cuarto en la trastienda de un café en La Unión.
Se descubrió, además, que partes del fuselaje del avión están esparcidos entre habitantes de la región, incluido el tren de aterrizaje.
Entre tanto, Fabienne Belle, presidenta de la Asociación de Familiares y Amigos de las Víctimas del Vuelo de Chapecoense, le reveló a RCN Radio que ningún país asumió hasta ahora responsabilidades concretas y no ha habido arreglo con la aseguradora de la desaparecida LaMia.
«El accidente fue devastador para los familiares de las víctimas, fue un desafío muy grande para superarlo», confesó Belle, esposa de Cezinha, uno de los preparadores físicos del club.
«Todos los que estaban en el avión eran responsables de sus familias y hoy las víctimas buscan un camino para dar continuidad a sus vidas en el día a día», agregó la brasileña, quien viajó recientemente a Bolivia para enterarse en qué van las investigaciones y buscar un arreglo con la aseguradora.
Ximena Suárez, una de las tripulantes que sobrevivió, le contó a esa misma radio que llegó a un acuerdo con la compañía de seguros, pero anotó que LaMia desapareció del radar y no hay a quién reclamar.
«No se supo nada, nadie dio la cara, como si no hubiera existido», precisó la auxiliar de vuelo y añadió: «pasó el accidente y al mes no se sabía nada, ni había quién respondiera».
Los recuerdos del siniestro corrieron hoy por cuenta de la prensa local y del club Atlético Nacional que escribió una sentida nota en su sitio web, junto a un video y divulgó un mensaje de recuerdo en Twitter.
«El fútbol nos puso en competencia pero también nos unió como hermanos. Siempre están en nuestros corazones @chapecoenseReal», dijo el equipo de Medellín.