Los ecosexuales: personas que solo hacen el amor con la naturaleza

Infobae

La ‘ecosexualidad’ busca obtener placer a través de sentir la tierra, los árboles o las flores y así ayudar a salvar el planeta.

La ecosexualidad no es filia ni fetichismo. Tampoco es lo mismo que ser vegasexual o sexetariano, que consiste en optar por no mantener relaciones sexuales con alguien que coma animales. Significa hacerle el amor al planeta. No solo de forma genital sino gozando de los estímulos de la naturaleza con los cinco sentidos.

Los ecosexuales son aquellos que tratan la naturaleza como a un amante. Como un ser que nos acoge y nos alimenta, pero también nos proporciona amor. Por eso hay que cuidarlo y rendirle pleitesía. «Sería tomar conciencia de nuestro entorno y de cómo este es realmente sexy y excitante: el acariciar un musgo húmedo, el mirar como sube la marea y golpea contra las rocas, el masturbarse sobre una roca caliente, notar el calor de la arena ardiente sobre tu espalda, hacerse una paja imaginando lava en erupción», enumera Elena/Urko, activista de género no binario y mitad del colectivo Post-Op, grupo de investigación sobre postporno «desde una perspectiva queer feminista».

«Me interesa el ‘ecosex’ porque cuando te defines como ecosexual no haces referencia ni a tu identidad de género ni a lo que tienes entre las piernas —no estás diciendo hombre, mujer, trans, ni si eres homo, bi o hetero. Es una identidad que no remite a eso. Por otro lado, te vuelve totalmente autosuficiente. La naturaleza siempre está ahí y te permite tener sexo sin depender de nadie. Además, no te aburres porque cambia según el contexto y la época del año», continúa Elena/Urko.

Su adopción del término también remite a causas políticas: «Lo utilizamos como herramienta para volver a ocupar parques y jardines urbanos», defiende, explicando cómo sirve a la vez de protesta ante la merma paulatina de libertades en los espacios públicos. «Muchas de las prácticas ‘ecosex’ son difíciles de leer como sexuales desde fuera porque no hay desnudo ni una actividad claramente genital. Cuesta que se entienda como sexo y eso nos permite que quien lo está viendo no tenga los suficientes elementos como para denunciar. La persona se queda dubitativa, mirando, pero no acaba de entender. Mientras, nosotras estamos corriéndonos entre arbustos, césped y estanques», sonríe.