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Raúl Pino-Ichazo Terrazas

(Abogado, posgrado en Educación Superior e Interculturalidad, doctor honoris causa, docente universitario, escritor)

Cada Viernes Santo debe mover a cada ser humano consciente que preserva su paz espiritual, a una reflexión sobre el sentido de este martirologio se sufrió Jesucristo y su mensaje eterno; independientemente del análisis de lo que es una crucifixión, sin duda, una de las torturas más dolorosas y  que no se equipara a ninguna forma de morir actual para condenados, ´pues es un dolor integral, intensísimo, gradual y permanente hasta expirar, estado que no deviene inmediatamente.

El Viernes Santo es para reflexionar sobre  lo que  debemos reconducir en nuestra vida, mejorarla espiritualmente y aceptar que solo  la fe puede aproximarnos a Dios para comenzar a interpretarlo, de forma que esté presente, sin alejarse, en  todos nuestros pensamientos y acciones.

Contrición porque siempre estamos pecando y la contrición nos enfrenta a la realidad de nuestra imperfección, empero, esta situación puede variar ostensiblemente si la contrición reduce la asiduidad en la frecuencia del pecado; eso sí es mejorar.

Sensatez porque nuestra vida es de relación cercana con el prójimo y entre los humanos es muy fácil lanzar y difícil recibir críticas. La actitud de desechar cualquier cosa útil que contenga la crítica, es factor común porque se considera una crítica como un ataque. Sin embargo, asimilar las críticas con seriedad, sin importar lo inútiles que sean tampoco acarrea beneficio. El sabio pueblo boliviano   sabe de la importancia de propender al bien común de la población y, si esto fuera entendido plenamente como lo enseña la Ciencia Política, evitaríamos la interrupción de las libertades individuales, la libertad de culto, la discriminación a la mujer, el ser más importante de la creación, corrupción, la malversación y la vileza de los políticos

La casi mayoría de la gente conviene que la retroalimentación es importante, pero la actitud oculta es siempre recomendable cuando sea buena.

Parecería que es más fácil lanzar una crítica que recibirla, y no siempre es el caso, al menos si la persona quiere hacerla bien. Por ello es muy importante establecer la diferencia entre crítica y retroalimentación, de cuya digresión científica extraemos: la crítica es sentenciosa y acusatoria e involucra etiquetar a la persona, sermonear, moralizar y hasta ridiculizar con dos vertientes: el sarcasmo y el sardonismo, conceptuando a la primera como la ironía hiriente y mordaz, con la que se insulta, humilla y a la vez se ofende a alguien y a la segunda le corresponde la afectación y la maledicencia irresponsable.

La retroalimentación se centra básicamente en proporcionar información concreta para motivar en el recipiente o receptor a reconsiderar el comportamiento.

La crítica implica ineludiblemente a hacer suposiciones negativas sobre los motivos de la otra persona a quien lanzamos la crítica. La retroalimentación reacciona no a la intención, sino al resultado real del comportamiento.

La crítica, si se lanza incipiente o pobremente, con frecuencia incluye consejos, órdenes y ultimátumes, lo que hace que la persona que la recibe se sienta enojada y a la defensiva, socavando cualquier posibilidad de beneficio. La retroalimentación, por su parte, no se centra tanto en cómo debe cambiar la persona, sino que trata de provocar una discusión sobre los beneficios del cambio.

En general, parece que la crítica es muy difícil de aceptar en las culturas occidentales y es vista como una amenaza o un ataque a la autoestima o como una violación de las reglas sociales. En las culturas del lejano oriente, la autoestima es importante, pero mas importante es mejorarse uno mismo.

Lo importante cuando se oye una crítica es escuchar y no ponerse a la defensiva, pero tampoco debe asumirse que la crítica es correcta, siempre es sabio determinar en el transcurso de la crítica que información es valiosa y relevante y desechar la que no lo es.

Con estas actitudes se respeta el derecho a la fama y dignidad de los demás y siempre se conocerá donde se inicia y termina el derecho propio y el de los demás, que es una regla moral excelsa para la pacífica convivencia social y único mecanismo que genera el respeto de la población hacia el sujeto que vive de la política.