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VerdadConTinta/(22/03/17)

Mientras la ciudad duerme, ellos empiezan su jornada laboral. Aunque su trabajo es casi imperceptible para la mayoría de los ciudadanos, la vida sin su labor no sería igual.

Estar despiertos a las tres de la mañana es el factor común en estas personas, a pesar de que sus oficios son muy diferentes entre sí.

Barredoras municipales, cocineras del mercado, vendedoras de sándwich y prensistas, son parte de los trabajadores nocturnos que sacrifican sus horas de sueño para ofrecer su servicio a la sociedad.

Sin ellos no hay prensa, sin ellos no hay calles limpias y sin ellos no hay comida en los mercados.

Sin importar las inclemencias del tiempo, y con la luna como testigo, estas personas realizan su trabajo expuestas al frío, calor, viento y lluvia. Las barrenderas son las que se llevan la peor parte, pues su trabajo es en las calles donde quedan expuestas a diferentes riesgos.

Los prensistas, por su parte, padecen los males de la modernidad. Los cortes de luz retrasan su trabajo y los obliga a quedarse hasta finalizar el producto. Si es necesario, hasta después que cante el gallo.

Para ellos, dormir se constituye en un lujo. No sólo es una necesidad. Al margen de su particular horario laboral, éstos trabajadores deben lidiar con los quehaceres y responsabilidades. Cocinar, limpiar y “cumplir con los hijos”, son otras de las obligaciones que les quitan las horas de sueño.

Si bien la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda dormir siete horas y media diarias, hay trabajadores que apenas logran dormir cinco. Cabe resaltar que los especialistas aseguran que dormir de día no produce el mismo descanso que hacerlo de noche. Pero ellos no tienen otra alternativa.

Aunque descansar es tan esencial como comer o respirar, las prioridades de este peculiar grupo de personas están invertidas, tanto como sus horarios. Pero a pesar de sus esfuerzos, al reloj biológico no se puede engañar.

Así como al organismo, al clima tampoco se  puede burlar. Hace días un fotógrafo local retrataba la imagen de una trabajadora nocturna cumpliendo su deber de limpiar la ciudad, a pesar de la torrencial lluvia que aquejaba a la ciudad esa madrugada. Una foto vale más que mil palabras.

Como ella, cientos de barrenderas, con la escoba y basurero como sus únicas herramientas, salen todas las madrugadas para mantener las calles de la ciudad limpias. La lluvia, para ellas, no es un impedimento para cumplir con su trabajo.

Lo mismo sucede con muchas de las mujeres que se levantan cuando aún es de noche para  ofrecer el desayuno a los cientos de comensales que se congregan en el patio de comidas del Mercado Central, ahora ubicado en lo que era el comedor universitario. Pese a que muchas de ellas viven en barrios alejados de la ciudad, allí están todos los días, ofreciendo una caliente taza de api, café y pastelitos recién freídos.

De la prensa, ni qué decir. A diario  hojeamos por cinco o más minutos un periódico, hay un trabajo que duró toda la noche. De diez de la noche a cinco de la mañana, para ser exactos.

Verdad con Tinta, en el interior de sus páginas, te da la oportunidad de conocer en esta primera parte más sobre los sacrificados trabajos nocturnos y la historia de estas personas, mientras el resto de la ciudad, duerme.