El exoesqueleto boliviano, una alternativa para un sector marginado

VerdadConTinta (03/03/2017)

De la ciencia ficción a la realidad. No parece tan lejana la idea de Stan Lee cuando escribió el guion de “Iron Man”, un hombre que se potencia con una armadura de hierro que se adjunta a su cuerpo como si fuera uno solo.

La ciencia acercó estas historietas a la realidad con la creación de exoesqueletos en armaduras militares, luego empezarían a ser una opción en el campo de la salud de aquellas personas que tienen algún tipo de discapacidad física.

El costo de los exoesqueletos es altísimo  y todavía no han sido perfeccionados a nivel internacional, es por eso que en Bolivia dos emprendedores pretenden dar un paso más en esta industria y acercar los exoesqueletos a las familias que más los necesitan.

“Lo ideal es industrializarlo y que pueda encontrarse accesible al bolsillo del ciudadano común”, explica Juan José Murillo Sánchez, un hombre de 40 años, recientemente egresado de la Carrera de Ingeniería Industrial.

Murillo presentó su exoesqueleto, al que lo bautizó  “HUK” como su proyecto de tesis en la Universidad Privada Domingo Savio (UPDS), pero después, pasó a ser su proyecto de vida.

En el camino de  la experimentación, se cruzó Jorge Padilla Sánchez, un joven de 19 años que estudia en la Carrera de Redes y Telecomunicaciones en la misma universidad, este universitario también se especializa en seguridad informática.

Jorge se interesó en el proyecto de Juan José y empezó a cooperar en la sistematización del exoesqueleto, en una combinación entre la experiencia de uno con los innovadores aportes del otro, la cual empezó a dar sus frutos.

“Con el tiempo nos dimos cuenta de que éramos familiares”, relata Juan José con una ligera sonrisa, sobre esta circunstancial casualidad de la vida que los puso en el mismo camino.

Ambos vestidos de blanco, casualidad o no,  en visita a las instalaciones del elPeriódico, muestran los alcances de este proyecto, enseñando los videos con los experimentos que están archivados en  su computadora laptop.

Juan José está en su último día de trabajo en el centro de investigaciones de la Universidad Privada Domingo Savio y ahora espera enfocarse al cien por ciento en su proyecto, mientras el joven Jorge, se quedará en ese lugar, aunque no dejará de lado al exoesqueleto.

El estudio para este proyecto buscaba encontrar materiales que no sean tan costosos, con el fin de crear el exoesqueleto, de forma que su precio al mercado sea accesible al bolsillo de los  bolivianos.

El precio para un exoesqueleto en Rusia o Estados Unidos es de unos 40 mil dólares, como comprar una vagoneta de marca reconocida cero kilómetros en el país. “Es inaccesible para el ciudadano común”.

Los dos innovadores estudiaron  con qué material trabajar, si con fibra de carbono o aluminio.

La enfermedad no discrimina y las discapacidades físicas las puede tener una persona de cualquier extracto social, por ende, uno de los objetivos era  conseguir una solución al alcance “de todos”.

Otro de los objetivos es que la *órtesis le devuelva a la persona la sensación de caminar y no que ésta trate de adaptarse al equipo, algo que todavía no se consiguió con otros exoesqueletos.

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Otra de las ventajas de consolidar el proyecto, es que las personas que lo adquieran en el país puedan tener asistencia técnica, más el monitoreo de la funcionalidad del equipo en tiempo real. El diseño es personalizado, lo que viene a ser otra de las  ventajas.

Juan José se inspiró en este proyecto al ver  que su hermana había quedado con discapacidad en las piernas, por lo que pensó desde joven en cómo encontrar la alternativa de que una persona que tenga este tipo de problema físico, pueda  recuperar en parte o reinsertarse como un ciudadano común en la sociedad.

“Por más que digan que no se discrimina, la sociedad  sí lo hace, a veces sin darse cuenta”, reconoce.

Él pasó la mayoría de los años de su juventud en España, donde sus familiares habían emigrado en la búsqueda de una vida más estable, ahí trabajó desde los 19 años como operario e interactuó en diferentes trabajos esporádicos.

Pero  Juan José retornó al país y no quería quedarse sin la oportunidad de estudiar. Pese a  tener una familia por mantener, decidió ingresar a la universidad pasados los 35 años con el fin de tener el conocimiento que le faltaba y consolidar su sueño.

Este sueño empezaba a consolidarse en el proyecto de su tesis y más aún, cuando consiguió el compañero que se complementaría con él para dar el toque final que necesitaba.

Actualmente, el exoesqueleto boliviano puede construirse de forma personalizada en base a las características físicas de la persona, tiene dos muletas, en una de ellas está el control para operarlo.

La finalidad es que  el equipo pueda controlarse sensorialmente con la mente, proyecto en el que Jorge espera obtener resultados en el corto plazo.

Su nombre HUK significa el número uno en quechua, pues consideran que en el país todavía no se ha presentado tecnología de este tipo, solamente un joven paceño que intentó hacer un exoesqueleto, pero sin los resultados esperados.