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Edson Freddy Matta Chura

A inicios de 2017, la preocupación de muchos jóvenes bachilleres, madres y padres de familia es la continuidad en cuanto al estudio y la formación profesional de sus hijos. En ese entendido, las entidades de formación superior son las que deben ocuparse en la atención de esta preocupación y demanda social, emitida por las instancias correspondientes  convocatorias respectivas.  

De acuerdo con la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, la educación superior es una tarea que corresponde a las universidades, escuelas superiores de formación docente y los institutos técnicos, tecnológicos y artísticos, fiscales y privados. En cada una de estas instancias, según mandato constitucional, deben generarse procesos formativos cuya misión fundamental es la formación integral de recursos humanos con alta calificación y competencia profesional.

En ese marco, la pregunta es ¿existen las condiciones para que las entidades de formación superior cumplan con el mandato constitucional mencionado? Con seguridad al respecto podemos plantear diversas respuestas, sin embargo a partir de este espacio de opinión, recordar simplemente ciertas realidades que aquejaban a la formación profesional en las casas superiores de estudio.

En las aulas de las entidades públicas en determinadas carreras existían un número elevado de estudiantes, al punto que muchos de ellos debían pasar clases parados, ¿en este caso dicha realidad habrá cambiado? Si así fuera se podrá afirmar que las condiciones de infraestructura, disposición de bienes muebles y personal docente asignado serán adecuados, por tanto, el estudiante tendría las condiciones básicas para emprender procesos educativos en torno a su formación profesional.

Al comenzar una determinada carrera o especialidad no siempre en los primeros años de estudio se genera procesos educativos que permitan adquirir experiencias relacionadas con el que hacer laboral, motivo de formación, ejemplo, si uno se formaba en derecho se empezaba con nociones teóricas en los primeros años y se decía que en los últimos cursos se adquiriría conocimientos prácticos en relación a la carrera, efectivamente ello ocurría de esa manera, sin embargo el tiempo no era suficiente para adquirir los conocimientos prácticos suficientes.

Con el advenimiento de la tecnología, el uso de Internet, los trabajos asignados en las diferentes asignaturas se llegaron a efectuar bajo un mecanismo de ‘copia y pega’, lo cual no representa un inconveniente si se respetan los criterios de autoría, limites en la extensión y transcripción de las ideas a las cuales se acuden, y algo importante interactuar con dichas ideas  incorporando criterios personales de quien visita las páginas de Internet para generar nuevos planteamientos que amplíen los saberes y conocimientos humanos.

Otra de las realidades que aquejan a la educación es la que sostiene José Morató Plaza, quien señala; “los bachilleres no están debidamente capacitados para emprender sus estudios de profesionalización, ya que tienen vacíos en la lectoescritura, dificultades en el raciocinio y en la capacidad crítica y propositiva”. Morató refleja las falencias que el sistema educativo aún atraviesa.

En consecuencia el cumplimiento de la misión que tienen las casas superiores de estudio pasa por el hecho de que se atiendan temas de infraestructura, material mobiliario, asignación de docentes, carga horaria afín y suficiente a la carrera o especialidad elegida, promover e implementar criterios metodológicos que permitan superar las limitaciones de lectoescritura, razonamiento y capacidad de plantear propuestas de solución ante las dificultades o problemas emergentes.