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Dos limusinas encargadas por el magnate en 1988 serían subastadas en Inglaterra, revalorizadas tras la victoria del republicano en las elecciones presidenciales

(INFOBAE) Pocas personas en el mundo representan la fascinación que muchos de los estadounidenses tienen por el dinero, el poder y la fama como el presidente electo Donald J. Trump.

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Terminaciones en madera “Palo de Rosa”, asientos de cuero con el sello Trump en hilos dorados, llantas radiales fieles el estilo de la época y un minibar completo con una variedad de bebidas alcohólicas entre las demandas de Trump para su Cadillac hecho a medida

Símbolo de la riqueza excesiva y exponente máximo de un estilo recargado que representa de manera fiel el aspiracional de estilo de vida al que muchos quisieran alcanzar, desde hace décadas el magnate de los bienes raíces se ha caracterizado por su alto perfil.

La power couple que formó con la checa Ivana Trump en los ochentas fue un ícono de la era, donde series de televisión como Dallas y Dinastía marcaban el ritmo estético de un período marcado por las hombreras exageradas, el maquillaje recargado, las joyas barrocas y tonos predominantemente dorados.

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Máquinas de fax, primitivos teléfonos celulares y trituradoras de papel, entre los avances tecnológicos a bordo del sedán extendido con el sello Trump

Fue en este contexto, donde lo recargado mandaba, cuando Trump decidió que sería una excelente idea asociarse con Cadillac, el máximo exponente de la opulencia norteamericana sobre ruedas, para hacerse de una flotilla de limusinas diseñadas bajo pedido.

Los vehículos formaron parte de un acuerdo comercial en el que Trump ordenó que se diseñen dos sedanes de lujo alargados en el año 1988, los cuales serían bautizados en su honor «Trump Executive Series» y «Trump Golden Series».

Según fuentes citadas por el periódico británico The Sun, el fabricante norteamericano vinculado a General Motors habría accedido al pedido tras una promesa del hoy presidente de encargar otras 50 unidades para transportar a los huéspedes de sus hoteles y casinos en Nueva York y Atlantic City, pero el trato nunca se materializó.

Construidas con el objetivo de convertirse en las mejores limusinas del mundo, los modelos en existencia, en perfecto estado de conservación y 100 por ciento originales, cuentan con todos los lujos de la era y avances tecnológicos que hoy parecen prehistóricos.

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Cromados, una imponente parrilla frontal, insignias obligatoriamente doradas y una antena de televisión en forma de bumerán completan la estética símbolo de una década

Máquinas de fax, televisores, videocaseteras, celulares NEC de primera generación y hasta trituradoras de papel son sólo algunos de los elementos incluidos en los vehículos bajo pedido de Trump.

Ambos modelos son hoy propiedad de un coleccionista británico, quien aprovechando la nueva «Trumpmanía» estaría considerando subastarlos esperando recaudar cifras récord en el proceso.

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Trump probablemente nunca imaginó al ordenar las limusinas que años más tarde sería transportado como presidente de los Estados Unidos en el Cadillac más sofisticado y seguro del mundo bautizado “La Bestia”

Quedará por verse si los dos vehículos encuentran interesados, en medio de un período de transición donde podría haber un resurgimiento de la estética olvidada de los ochentas gracias al ascenso al poder del presidente más rico de la historia de los Estados Unidos.