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La guerra del Chaco fue una conflagración  sin sentido, de masacres insensatas, de cambios vertiginosos de comandantes solo por el hecho de promoción y obtener el «pase de combate», práctica que resultó ser la ruina de las Fuerzas Armadas bolivianas. Después de tres años extenuantes, Paraguay ganó paulatinamente suficiente terreno y declaró la victoria.

El verdadero vencedor fue Argentina quien apoyó al Paraguay para proteger sus intereses en el extranjero. El origen remoto del problema estaba en la imprecisa delimitación de las fronteras entre ambos países, lo que se remontaba a la época en que éstos nacieron a la vida independiente.

Para distinguirlo del Chaco Austral en territorio argentino, el Chaco Boreal  situado al norte del río Pilcomayo estaba poblado por comunidades aborígenes hostiles a las expediciones que se aventuraron por ese territorio durante el siglo XIX. En lo diplomático, sucesivos intentos de arreglo limítrofe habían fracasado, y en los hechos, pequeños destacamentos militares de ambos países habían ocupado el territorio levantando fortines rodeados de atrincheramientos. En1928 se produjo un incidente que hizo temer una guerra que no se evitó, sólo se postergó. En 1931 asumía en Bolivia el presidente Daniel Salamanca, con la política de «pisar fuerte en el Chaco», traducida en la presencia del Estado en el Chaco con guarniciones militares en la zona.  Fue el preludio de un aguerra insulsa.