Max Murillo Mendoza
Este fin de semana ajusticiaron a un enfermo mental, en la comunidad de Reyes del Beni, después de que éste violara y asesinara a una niña de cuatro años. Enfermo mental que estaba libre gracias a la corrupción de los aboganster del sistema judicial boliviano. Sistema judicial que nunca funcionó, y que hoy funciona sólo en la boca de los burócratas de coyuntura, para satisfacer informes políticos y justificar presupuestos del Estado. Sistema judicial podrido, corroído, putrefacto, repugnante por donde se lo veo y sienta. Sistema judicial que atenta contra la única justicia que siempre funcionó: la justicia comunitaria. Pero que los blancoides y k´aras abogansters saben que ese sistema atenta contra sus privilegios y sistema corrupto, que pervive desde la colonia misma, con las mismas lógicas y mañas corruptas, construidas por ellos mismos para saqueo y expoliación de nuestras poblaciones.
Los liberales ingleses dicen que la costumbre es ley. Por estos lados del mundo es al revés: los aboganster sólo repiten como loros unos libros de leyes romanas y occidentales que no pertenecen a nuestras realidades. Ni siquiera los más “ilustres” se dieron la molestia de investigar y al menos comparar las leyes romanas, con las leyes de las justicias comunitarias en los andes y la amazonia. Esos loros además son criminales sistemáticos, se ríen cotidianamente de este país sabiendo que burlan y destruyen los tejidos sociales culturales. En realidad se debería apresar a los fiscales que liberaron a ese enfermo mental, no a los que lo ajusticiaron. Pero así de torcida está el sistema putrefacto judicial boliviano. Y nadie hace nada, absolutamente nadie, por eso la reacción de la gente en Reyes.
La ceguera mental de la burocracia llega a extremos de novela marquesiana. Defienden lo indefendible: la ley. Cuando no existe ninguna ley, al menos que defienda al ciudadano común y de a pie. Ceguera mental retorcida, porque saben que el sistema nunca funcionó y en el estado en que se encuentra nunca lo hará. ¿Cómo es posible eso? Sí, es posible porque la irracionalidad es parte de la convivencia cotidiana, porque ya no existen personajes que quieran cambiar lo podrido y retorcido. Son tiempos privilegiados para lo podrido y las mentalidades derrotadas y resignadas. Convertidas en cínicas y perversas, permitiendo actos delincuenciales hasta en la sopa del ciudadano.
Las soluciones son sencillas; quizás por eso no son perceptibles para los pensadores del sistema, siempre occidentalizados y complejizados por inútiles. Hay que cerrar todos los colegios de abogansters, hay que clausurar el sistema actual de injusticia generalizada, hay que borrar del mapa la abogacía, porque no sirve para puta cosa en estas realidades. Sino para robar, esquilmar, engañar y tardar a las calendas griegas para seguir robando y engañando. Los aboganters son los principales enemigos del proceso de cambio, porque no son capaces de cambiar un mínimo posible de su mamadera legal colonial, y la defienden irracionalmente destruyendo nuestras instituciones. Y por supuesto que no es difícil cerrar un sistema. El Estado funcionaría mejor sin leyes y nuestras sociedades realmente estarían libres de coimas, asaltos legales, timbres y sueldos de abogansters. Sería el mundo más libre posible: sin leyes ni chantajes legales gansteriles.
Pues sí, no necesitamos para nada al sistema judicial actual. Es un ente inútil, parasitario, sin aporte alguno a la sociedad, sino todo lo contrario. Lo que sucedió en Reyes es un punto de inflexión total, ante la inutilidad de la corruptela generalizada del llamado sistema judicial. A pesar de lo evidente, los aboganster siguen defendiendo ese sistema podrido y corrupto, enjuiciando a los ciudadanos que hicieron justicia en Reyes, y no a los aboganster y fiscales que dieron libertad a un enfermo mental, seguro por unos dólares o euros que son la moneda corriente del sistema judicial boliviano.
La resistencia mental colonial es demasiado fuerte, como costumbre e inercia cultural. Presente en instancias de los tinterillos altoperuanos desde tiempos inmemoriales, que se repiten, se retroalimentan, se reproducen en las universidades de manera enfermiza. Esos espacios de entrenamiento en robo, engaño y expoliación no han cambiado en nada. Los doctorcitos tienen carta abierta a seguir manteniendo sus privilegios coloniales, republicanos y de castas por todos los tiempos, como hongos y hierba podrida pero resistente a todos los tiempos y cambios ideológicos. Son dinosaurios que han sobrevivido revoluciones, dictaduras y hoy en tiempos de cambio son los mismos monstruos anti diluvianos y corruptos.
Esos doctorcitos de toga, blancoides, ya en la constituyente le jugaron sucio a la justicia comunitaria, cuando le impusieron el deslinde jurisdiccional para quitarle poder de hecho, porque tienen miedo a nuestras culturas y a nuestras costumbres. Tienen miedo a perder sus privilegios republicanos. No creen en la justicia comunitaria, porque no creen en nuestras nacionalidades y culturas. Así sucesivamente van boicoteando al proceso de cambio, disimuladamente, legalmente, lentamente para que nada cambie. En realidad el enemigo es interno, y en cantidades enormes. Solapados entre los escritorios de las instituciones, boicotean todo proceso de avance o de cambio, porque sus leyes son nomás reliquias coloniales y republicanas que les siguen permitiendo pervivir en el tiempo y espacio distinto.
En fin, como de interesante sería ver rodar cabezas de fiscales y abogansters en la guillotina de la revolución. Contemplo por fin en esas escenas la limpieza de la justicia, la transparencia de la libertad hecha justicia. El lavado de sangre por todos los siglos de injusticias, corruptelas y engaños en sus lindos discursos de cambio; pero bañados de prácticas cotidianas anti nacionales y anticulturales. En fin.
La Paz, 14 de noviembre de 2016.