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Agustín Echalar Ascarrunz

 Acabo de pasar una semana a orillas del Salar de Uyuni, y esta es la primera vez que he hecho el recorrido por carretera asfaltada desde La Paz, si señores, es una gran noticia, se puede llegar hasta Uyuni  por una carretera asfaltada, la ruta que tiene algo más de 500 km,  es bellísima desde el punto de vista paisajístico, sobretodo si a uno le gusta ese ambiente melancólico del Altiplano, y ahora se puede disfrutar cada detalle, porque no se está sintiendo en los riñones lo que le pasa al carro cuando va por los caminos de tierra llenos de calamina.

Hay solo un pequeño trecho, de unos ochenta metros en Challapata que no está en buen estado, no valdría la pena mencionarlo, de no ser que es una muestra de ese no sé qué en nuestra mentalidad que nos impide hacer las cosas bien, ¿fue mezquindad de alguno de los contratitas? ¿estuvo mal hecho el contrato? Lo cierto es que para ingresar a la magnífica carretera Challapata a Uyuni, a modo de hacernos recuerdo que somos tercer mundo, se tiene que pasar por una yarda de baches.

La primera vez que conocí el Salar de Uyuni, llegue allí en avioneta, hace 20 años, casi no pudimos aterrizar porque unos chiquillos estaban jugando en la pista que obviamente era de tierra  y que además, por un inexplicable motivo había sido cortada con un muro por los militares.  Finalmente cuando lo logramos,  Juan Quezada, el gran pionero del Salar, y a quien Bolivia le debe un Cóndor de los Andes póstumo y un monumento, nos llevó a su pequeño hotel de sal, que no tenía más de ocho habitaciones, y que había construido en medio de la pampa blanca con bloques de sal.

Mi cliente, un príncipe de la alta nobleza alemana mediatizada en tiempos de Napoleón, quedó encantado pese a lo precario que era todo y dejó en el libro de huéspedes del hotelito un comentario diciendo que se había sentido en un Palacio de Sal. Juan Quezada me comentó luego que esa dedicatoria fue importante para imaginarse un palacio de Sal, Así se llama hoy el hotel que él construyo y que ha ido convirtiéndose en un verdadero pequeño palacio frente a uno de los paisajes más impresionantes de la tierra.

Lo curioso es que uno de los aspectos que le dio más fama al salar de Uyuni, fue el hotel de Juan,  el de Uyuni, es el Salar más grande del mundo, pero hay otros, fue sin embargo, la primera vez en la historia que se hizo un hotel de sal, y eso fascino y la voz corrió. El Hotel de Sal estaba entre los 10 más sui géneris alojamientos del mundo.

Llegar en ese entonces a Uyuni solo era posible haciendo por el norte o por el este, vale decir desde Potosí, haciendo un trayecto de más de 200 km de camino de tierra.

Hoy esas carreteras están asfaltadas, y hay un aeropuerto, modesto pero ideal para las necesidades actuales de la zona.  Las mejoras son innegables.  Una vez más lo que queda pendiente sigue siendo mucho, por ejemplo el reparado de los 5 km que hay entre la carretera y el salar mismo, que es un camino hecho para destrozar carros.

Las condiciones para el desarrollo del turismo están dadas. ¿Hay un boom turístico? No, aunque indudablemente hay muchos visitantes pero no tanto, eso se debe en parte a la altura, nuestro eterno problema, y a la mala fama del país, los bloqueos hechos por Evo hasta que llegó al poder, y ahora hechos contra Evo, hacen de este un país que se promociona y se incluye en paquetes con poco entusiasmo.

¿Cómo se ve el futuro? Pues bien, no brillante, pero bien,  a pesar de la errática política estatal  de Dakares y otras sonseras como la inseguridad jurídica para verdaderas inversiones en la zona. Lo cierto es que lo más importante ha sido hecho, la infraestructura caminera, y ese es un poroto a favor del actual gobierno,  faltan no obstante, una serie de detalles que harían la vida de quienes se dedican al turismo en Uyuni mucho menos difícil.