Noticias El Periódico Tarija

Gastón Cornejo Bascopé

Para el ciudadano responsable, comprometido con su trabajo y las actividades del diario vivir, importan los problemas particulares, su salud, la nutrición correcta para todos los miembros de la familia, la seguridad de cada uno de los componentes del clan familiar y el desempeño laboral que ofrezca tranquilidad, necesario capital de ahorro, enriquecimiento intelectual; y naturalmente, la felicidad de sus entrañables hijos, nietos, bisnietos.

Resulta que ahora nuevamente enfrentamos bloqueos al derecho de libre tránsito hacia las oficinas laborales, hacia el hogar, para proseguir las instancias vivenciales, hacia el ambiente habitual donde la vida adquiere significación, donde se juegan los más puros sentimientos.

Rabiamos por estos obstáculos a la libertad pero, en la soledad del hogar, cuando es posible reflexionar en profundidad, nos preguntamos: ¿Cómo están los otros ciudadanos? ¿Qué ocurre con los miles de trabajadores que quedaron fuera en Enatex y Ecobol? Se encuentran cesantes, con un horizonte incierto de existencia. ¿No ofreció el movimiento al socialismo dar felicidad a todos los bolivianos? Frustración total.

La dirigencia de la COB se puso firme y va rescatando su dignidad tradicional, perdida entre acuerdos de política vergonzante. El movimiento indígena emergió como una esperanza nacional, no sólo para cocaleros, banqueros y funcionarios de clase media en puestos públicos. Se identifica con los gobiernos de antaño, ríspidos, represivos, ausentes al diálogo, habiendo prometido democracia y paz con humildad inicial.

Paros progresivos, ampliados, marchas, parálisis de actividades, amenazas de trabajadores, universitarios, campesinos, dirigentes de OTBs, Juntas vecinales, intelectuales; oratoria violenta exigiendo abrogación de leyes neoliberales.

De otra parte, voces roncas denuncian a la COB por la pérdida de su autonomía y la sumisión a un gobierno que a nombre del socialismo, nacionalismo, antiimperialismo, ecologismo, promueve un avance hacia el capitalismo, alienante del ser humano, una economía de estructura estrativista de recursos no renovables hasta el agotamiento, ausencia de la industrialización ofrecida en programa hace una década. Praxis de mega-proyectos de riesgo como la energía nuclear pactada con Rusia, y sin objetivo social como el estadio el Batán para el cual se atentó contra la propiedad privada. Amenaza a la libertad de palabra, a profesionales y medios. Forzada tributación al pueblo trabajador. Corrupción desatada, y lo que es más grave, juego político a la derecha opositora de vergonzosos antecedentes. Y la imagen de la Patria, avergonzada, afeada por el contrabando irrestricto y la producción progresiva de cocaína.

Un ambiente tóxico cual nube de polución invade todos los rincones del diario vivir. Algunas voces afirman que retorna la anarquía del pretérito, la Policía política, Kurahuara, la Noche de San Juan, el exilio, vivir con el testamento bajo el brazo. ¡Dios no lo quiera! No repitamos otro octubre ni otro enero en Cochabamba; no la desolación ni el luto de trabajadores como en Catavi, Siglo XX, Huanuni; no el dolor físico y espiritual de Chaparina. Aún hay tiempo, estrecho pero existe, como en el Eclesiastés, tiempo de rectificar rumbos y construir un movimiento al socialismo humanista y democrático. Tal vez ya es tarde, tarde serán los pesares de no darse el golpe de timón de la grandeza biopolítica requerida.

Junio 2016.