No robarás, no mentiras

Osvaldo Pepe

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En apenas cuatro meses sin poder, el kirchnerismo y su historia crujen como presagio de un estrépito final. Se sabe que Néstor y Cristina han mentido como estrategia política. Ahora crece la peor sospecha: también robaron. En sólo cuatro meses de poder, Macri ha pisado en falso con la empresa familiar offshore. Y pide a la Justicia que lo investigue. Quiere demostrar que no ha mentido. No robarás y no mentirás son imperativos morales cuyas raíces se hunden en el relato bíblico del Antiguo Testamento. Son parte de los Diez Mandamientos, piedra fundacional de la tradición judeo cristiana.
Lázaro Báez y Ricardo Jaime, ambos presos, alumnos aplicados de la corrupción kirchnerista, no fueron producto de una descomposición gradual por la dilatada permanencia en el poder. Kirchner organizó desde que llegó a la Casa Rosada un plan sistemático de saqueo del Estado. Y para eso fue indispensable disfrazar su gestión con las ropas de la ética republicana, la reivindicación de los derechos humanos y una red de contención social tras el estallido de la pobreza en 2001.
No fue magia: fue un planificado asalto a las estructuras y dineros del Estado. Un dato lo prueba: apenas 12 días antes de la jura de Kirchner como presidente, Lázaro Báez, que había ascendido en Santa Cruz de oscuro empleado del Banco de la provincia a la gerencia general, fundó Austral Construcciones, la empresa que lo enriquecería con la venia impune del poder político. ¿Fue magia?
Báez supo ser generoso con sus mentores, fue con ellos socio y un cliente sin par de los hoteles de la familia. Pagaba por no ocuparlos. Robar y compartir. Más de medio centenar de obras nacionales de envergadura, un 78,4% de las licitaciones adjudicadas para obras de infraestructura vial de la provincia pingüina quedaron en manos de Báez en la era K. Casi en simultáneo a la fundación de Austral Construcciones, Kirchner ponía en marcha una construcción política como pantalla: una Corte Suprema de impecable trayectoria y prestigio, contracara de la mayoría automática del menemismo. Una gran verdad y promesa de transparencia para poder sembrar mentira tras mentira.
En situaciones bien diferentes, el actual Presidente y la ex presidenta deberán demostrar en los días por venir que, en principio, no han mentido. Macri, por decisión propia, se somete a la Justicia para que le notifiquen si hubo o no “omisión maliciosa” en el caso de la empresa offshore de Bahamas. Y la ex presidenta, imputada por el fiscal en el lavado de dinero, debería pisar pasado mañana por primera vez los tribunales como sospechosa por la venta de dólares a futuro. La Cámpora le prepara un baño de multitudes, aunque hay otro mandamiento que sobrevuela a Cristina, más allá de los dólares y la ruta del dinero K: no matarás. Un resabio del caso Nisman.