CARTA ABIERTA A LOS SERVIDORES PUBLICOS Y LOS HABITANTES DE TARIJA

Señores:
Gobernador del departamento
Alcalde Municipal de Cercado y de los 10 municipios restantes
Asambleístas del departamento
Concejales de Cercado y de los 10 municipios restantes
Jefe de la Policía Departamental
Medios de Comunicación
Pueblo del departamento de Tarija
Presente.-
REFIERO A UDS. SOBRE: LA EXISTENCIA DEL BIOCIDIO, UNA NUEVA FIGURA PENAL DEL ESTADO PLURINACIONAL BOLIVIANO
De mi consideración:
El 1ro  de junio del 2015 entra en vigencia la Ley 700, que criminaliza el BIOCIDIO.
A diferencia del HOMICIDIO que es un crimen contra la vida de un humano, el BIOCIDIO es un crimen contra la vida de un animal.
Hasta antes de la existencia de la Ley 700, los animales eran considerados igual o menos que una cosa. Literalmente, la gente pensaba que si era su animal, él o ella podían mutilarlo o matarlo si querían. Nadie podía decirles nada. Y, como ocurría cuando algo se rompe, el único perdedor era el dueño del objeto.
¡Probablemente un humano sentía más pena y remordimiento por perder un celular o una tarjeta de teléfono de 10 pesos, que matar a un perro, atropellándolo, o eliminar a un pájaro a pedradas o privarlo de volar de por vida!
Los biocidas se han paseado impunes muchos años por la calles. Lamentablemente, todavía lo siguen haciendo. Como resultado, las víctimas de los biocidas, aparecen a menudo por las calles, atropellados y con los ojos perdidos en el dolor causado por el biocida de turno. Y, lastimosamente, no son pocos. Sobre todo, los que no pisan el freno. Cuando pasan encima de una vida paran, pero no para auxiliar al animal que con seguridad sufrió daños o murió, sino para revisar si los faroles o guiñadores de su auto están sanos o se dañaron.
Probablemente, todos los biocidas impunes, rendirán cuentas en otras instancias, más allá de la ley humana. Pero ese es un asunto que tiene que ver con nuestra responsabilidad para responder por la vida después de la muerte.
En esta oportunidad, nos remitimos expresamente a que el Estado, por fin, y ante la presión de quienes ya no aguantamos ver como se desprecia la vida de todos los poseedores de una «vida no humana», ha legislado, y puesto en la realidad de la sociedad boliviana la existencia del BIOCIDIO de los animales domésticos, conducta que es castigada con hasta 5 años de prisión.
La Policía Nacional y la Fiscalía, todavía siguen adormecidos en la antigua realidad y apenas algunos ellos comienzan a aceptar las denuncias en contra de los BIOCIDAS y otros abusadores de los animales. En general, siguen pensando que los animales aun no han rebasado el límite de la cosa y se muestran escépticos sobre los nuevos derechos de los animales.
Sin embargo, esta introducción hacia la racionalidad de respetar la vida de otros seres vivos y de reconocer que nuestro comportamiento hacia el resto de las especies no solo es perverso, sino que también se realiza con total impunidad, es un paso en la dirección correcta. Un paso en pequeño, es verdad. Pero un paso al fin.
Pero también sabemos que a pesar de este pequeño avance, aun seguiremos sufriendo con varias formas de maltrato hacia los animales. Algunas camufladas bajo perversos títulos, como el «Chanchito a la Cruz», penosamente declarado por el no-muy sensible, pero si muy servil Concejo Municipal, como Patrimonio de Tarija. Debería darles vergüenza nombrar como patrimonio tarijeño a un plato tan postizo de esta cultura como dañino al medio ambiente; o también, el penoso espectáculo, que desde hace 40 años, ha «aportado» de sobremanera a la insensibilidad de los humanos de la capital de la sonrisa: el Zoológico Oscar Alfaro, donde los niños, se han educado, y muy bien, a despreciar la vida de los animales, viendo sufrir por años enteros a un león que lloraba su soledad y el dolor de sus múltiples heridas y enfermedades en una celda fría, hedionda y asquerosa; viendo a jaguares y pumas enloquecer en idas y venidas eternas dentro de sus diminutas celdas; a los cóndores que preferían picotear sus propios huevos para evitarle a su descendencia la tortura de vivir, ¡algo que no es la historia de un pueblo lejano de la era medieval, sino una triste verdad de la Tarija actual!
Esta es la lamentable realidad, «nada desarrollada ni menos espiritual», y así es nuestro contacto con la naturaleza y la construcción de nuestra cosmovisión hacia los otros seres vivos. Así nos criamos y crecimos… con un zoológico que exhibe niveles de maldad de dimensiones siderales, y deja claro el desprecio a la vida de los seres no humanos. Quizá es por eso que, como si fuera una dimensión paralela e invisible a nuestros ojos, delante de las risas y la felicidad de los habitantes del valle florido, un mundo al que nuestro corazón le ha cerrado sus ojos, se sucede todos los días frente a nuestras narices… un sufrir inacabable:
•    desde las gallinas que son transportadas en incómodas jaulas y amontonadas una sobre otra en su último viaje hacia la muerte;
•    o las vacas que tienen que esperar, sin agua ni comida y pisando sus excrementos, hasta dos semanas encima de un camión, antes de que finalmente las reciban en el matadero municipal, donde también serán torturadas por su anticuado equipamiento; o
•    los miles de perros callejeros, que son un típico paisaje urbano de la capital de la sonrisa, y un testimonio palpable del incumplimiento de deberes del último y el actual alcalde.
Sin embargo, a pesar de toda la tragedia que los animales tienen que vivir en la capital de la sonrisa, el que el estado boliviano haya tipificado el BIOCIDIO como una conducta criminal, es una luz pequeña en el túnel, pero luz al fin.
Todos somos responsables por el biocidio de los animales. Unos por acción y otros por omisión; unos por crueldad y otros por cobardía o por indiferencia; unos por no pisar el freno y otros por no denunciar al BIOCIDA.
La ley 700, señores servidores públicos, gobernador, alcaldes, asambleístas y concejales, les obliga a penalizar la crueldad en contra de los animales en sus jurisdicciones. ¡Hagan que esos espacios deliberativos, tan criticados por su ineficiencia e impunidad, saquen de una vez una norma por la cual nos sintamos orgullosos! Pongámosle un alto a la elaboración de normas de barniz, de declaraciones de fiestas, de declaraciones de patrimonios culturales truchos, de bonos por votos. Regálennos, por una sola vez aunque sea, una norma que cambie la estructura mental del ciudadano tarijeño, y que nos construya hacia una mejor relación con el medio ambiente y el mundo.
ALTO AL BIOCIDIO.  QUEREMOS UNA NUEVA SOCIEDAD.
Gonzalo Torrez Terzo
Presidente SPAT