El banco de Dios aun no ha quebrado…

El banco donde tenía mi caja de ahorros había sido clausurado, mis propiedades se desvanecían de mis manos, sentía que no había ser más triste que yo en toda la tierra, pero mi lavandera, que también había perdido lo poquito que tenia ahorrado, estaba cantando mientras colgaba la ropa en el tendal.

Ante eso salí al patio de mi casa y le pregunte: “¿Cómo puedes estar feliz, si perdiste todos tus ahorros con la clausura del banco?”. A lo que haciendo una pausa en su canturreo me respondió: “Si señora pero cuál es el fin de estar asustado si el banco de Dios aun no ha quebrado…”.

Tras escuchar su respuesta sentí una luz nacer en mi interior a través de su fe, en oración fui al gran trono de Dios y deje mis problemas allí, sentí entonces como el sol asomo de atrás de las montañas, fue como un dorado amanecer y le di gracias a Dios por sus reconfortantes palabras de consuelo, expresadas a través de mi lavandera… el banco de Dios aun no ha quebrado.

Ese día me percate que con el solo hecho de estar viva cuento con muchos más cuantiosos dividendos de los que mis manos pueden sostener de fe, de amor, de esperanza, de creencia y paz mental imposible de contar, le agradezco diariamente al Creador que es el gran dador de todo esto, pero aun no puedo olvidar las simples palabras de mi lavandera… el banco de Dios aun no ha quebrado.

Ante eso no me queda más que decir… oh seres cansados que andan por la ruta de la vida cuando todo parezca oscurecerse y se pierdan las fuerzas de sus manos y los cielos parezcan no tan claros enderecen sus espaldas, levanten sus cabezas y dejen de estar tristes y asustados ¡sus dividendos serán declarados, porque el banco de Dios  aun no ha quebrado!