LA DIVERSIDAD CON RITMO DE INTEGRACIÓN

Una vez más Tarija fue escenario de la Entrada Folclórica de Integración Nacional, el Corso Andino en castellano simple, nuevamente la diversidad cultural de Bolivia brillo con luz propia gracias a miles de bailarines de distintas procedencias que fueron haciendo de este evento cada año más grande e importante.

Todavía recordamos porque se origino, como todo comenzó, cuando el rechazo de los organizadores del Corso de Mayores se opusieron a que, danzas, bailes, ritmos y costumbres de otros puntos del país pero en especial de la región andina, se expongan al mismo tiempo que las tradiciones locales. Esto llevo a que los que no fueron bien recibidos sigan su propio camino y se organicen solos, con muchos tropiezos, desde abajo, con «manos políticas» intentando apoderarse de un espectáculo que significaba miles de personas migrantes que vivían en Tarija y que votaban en cada elección.

Recordamos intentos de sabotaje como cuando en vez de recoger la basura el día del corso más bien se las regaron por todo lado o cuando cortaron el alumbrado público y se tuvo que bailar casi en penumbras. El oportunismo de los políticos vio como muy atractivo este evento en la medida que tomaba cuerpo y no sólo convocaba a los que migraron, a los «extraños», sino a los oriundos, a los «propios». De ahí que miramos hacia atrás y recordamos que antes ninguno de ellos (los políticos) ni siquiera se asomaba y vemos hoy que «hacen fila» para estar y bailar y sonreír como si estuvieran en campaña.

El Corso Andino es la mejor muestra de que en la diversidad alucinante que nos ofrece nuestro bello país en todo orden, podemos ser más grandes y mejores, unidos siempre, juntos siempre, vibrando con ritmos que van desde nuestra cueca alegre y coqueta, la saya elegante y dinámica, la cullaguada de conquista y la morenada imponente y mágica. Nos alegra que crezca y mejore cada versión, nos preocupan las pugnas por quien se hace de la dirigencia y la organización porque vemos «sucias manos» que quieren manejar oscuros intereses en algo que deberíamos dejar fluir de la manera más libre y auténtica.